UN MODELO PARA HABITAR DESDE LA CONCIENCIA

Desde la primera revolución industrial ― hay quienes dirían que desde el descubrimiento de América― la raza humana, al menos en todo occidente, se inició por completo en un proceso de escisión respecto a un entorno que la autora Val Plumwood definió como non-human [no-humano][i]. Si bien el desarrollo de este divorcio deviene del racionalismo heredado desde Sócrates en adelante (arrastrando consigo toda una serie de dualismos como razón/ emoción, sujeto/ objeto, persona/ propiedad, masculinidad/ feminidad, hombre/ naturaleza, etc.), el estado actual del planeta, la proliferación de los movimientos por el cambio climático y la aparición del Antropoceno y su protagonismo dentro de la esfera del arte contemporáneo dan cuenta de la gravedad y urgencia que demanda el asunto. Reflexionar sobre nuevas formas de habitar y relacionarse con el mundo se ha vuelto una exigencia no solo para los políticos, ciudadanos y empresarios, sino también ― e incluso en mayor medida― para los académicos, docentes y artistas.

Como un vago resumen de la crítica que hace Plumwood del racionalismo (cuya definición no es la misma que la de “razón”), la escritora sostiene: “…rationalist rationality is irrational, in the sense that it is maladapted to the environment it depends”[ii]. Es, precisamente, por esta contradicción en la que ha caído el tan celebrado progreso de las economías de mercado y la explotación indiscriminada de los recursos naturales, que reconsiderar los esquemas que modelaron a las sociedades modernas y que nos han depositado en esta tormenta es una necesidad. Al margen de todo esto, Los movimientos alrededor del sol ― exposición individual de Francisco Vazquez Murillo (Rosario, 1980) en Fundación el Mirador (Brasil 301, San Telmo)― propone un acercamiento físico con el espacio y la tierra que dirigen al espectador a una reflexión respecto de su interdependencia dentro de un sistema mayor.

By Matías Helbig
"Los movimientos alrededor del sol", Francisco Vazquez Murillo. Ph: @botonrojo.

De regreso de Shanghái (China), donde hizo una residencia durante seis meses, Francisco Vazquez Murillo habla con asombro sobre las fuerzas de atracción de los astros, la importancia de regresar a un estado contemplativo y “visibilizar las escalas espacio-temporales que establece el Hombre con el planeta en el marco del Antropoceno”. “Me interesa analizar estas pretensiones individuales, que resultan muy subjetivas, y observar cómo terminan cotejándose con sucesos ― los ciclos lunares y solares, por ejemplo― que rigen y afectan constantemente nuestras vidas”, explica de pie en la primera sala de la muestra, frente a un alfabeto solar que consta de doce hojas de papel acerado y acrílico. Un alfabeto de lo gigante, dice él.

Los movimientos alrededor del sol está desplegada en dos salas, una debajo de la otra. En la primera se exhiben los doce fragmentos del alfabeto ― que pertenecen a una pieza mayor de 50 pinturas ―; en el suelo una serie de alfombrillas circulares están conectadas a través de enchufes al cable a tierra de la galería. Los cuerpos, en tanto elementos energéticos, están a un voltaje específico.  El de la Tierra es de 0.003, mientras que en la vida moderna, donde el contacto con la superficie terrestre es mínimo ― dormimos y trabajamos en edificios asilados por cemento, usamos zapatillas con suelas de caucho para andar por la calle o el campo―, el voltaje del cuerpo alcanza los 0.250. Por ende, hay en este gesto de las alfombrillas y el alfabeto un diálogo que pretende volver a armonizar con la tierra y el sol, nuestras mayores fuentes de energía.

Por un lado, desde la materialidad del papel acerado en contraste con el acrílico negro y las formas pesadas de las figuras que hacen al alfabeto, Vazquez Murillo establece una oposición de fuerzas y de escalas. Una dialéctica visual que funciona como representación de las relaciones universo/ planeta, humanidad/ planeta, humanidad/ espacio-tiempo. A esto se le suma la sensibilidad del papel ante los movimientos del espectador: pegadas a la pared desde las puntas superiores de la hoja, las figuras se sacuden con el tránsito del individuo. La obra pone en evidencia la capacidad de agencia del sujeto y el grado de interdependencia entre los objetos del espacio y él. Por otro lado, las mantas circulares reducen el voltaje corporal y lo ponen en consonancia con el voltaje terrestre. Sin ir más lejos, una invitación a reconstruir esa relación escindida que describía Plumwood en su Environmental Culture.

           

               

La segunda sala es el subsuelo de Fundación El Mirador. Para bajar se atraviesa una puerta que Vazquez Murillo transformó en un arco ojival. Después de las escaleras, una segunda puerta lleva al espacio: una habitación a oscuras tapizada con una moqueta de material reciclado sobre la que descansan una decena de piedras pómez. La única iluminación es la de los paisajes proyectados en una pared con terminaciones circulares. Así, el espacio se transforma en paisaje. Reconstruye el encuentro con lo gigante e inabarcable, y lanza al espectador a un estado contemplativo.

El detalle imprescindible son las rocas. Distribuidas en el suelo para reproducir físicamente un entorno natural, las piedras se erosionan con la mera presencia y manipulación de los visitantes. Cambian de lugar, se reducen. Si la exposición permaneciera un siglo, el piso de la sala no sería más que arena. El espacio, entonces, ubica a los individuos en un rol activo, pero desde la contemplación. Pone en evidencia, otra vez, el impacto de cada elemento dentro de un sistema mayor al que siempre pertenecimos y que hace medio milenio optamos ignorar.

En su Walden, Henry David Thoreau escribe: “Los pescadores, cazadores, leñadores y otros cuyas vidas transcurren en los campos y en los bosques son, en cierto sentido, parte de la naturaleza, y a menudo tienen una disposición más favorable a observarla en los intervalos de sus ocupaciones...”, y agrega, líneas abajo: “…pues solo ahí reside la verdadera humanidad o el relato de la experiencia humana”[iii]. En lo que parece una oda al pensamiento holístico y a la concepción del mundo como lun sistema de relaciones interdependientes, Los movimientos alrededor del sol pretende acercarnos un poco a esa humanidad incorrupta, pero desde la conciencia. Vazquez Murillo no aboga por una regresión al pasado ― en donde la armonía se daba por inocencia, precariedad y desconocimiento―, sino que propone, sin más, habitar despiertos y en el mismo voltaje: desde el conocimiento y el respeto para con lo Otro.

            

*notas al pie

[i] Ver  Environmental Culture, Val Plumwood (2002).

[ii] Traducción (hecha por autor del artículo): “…la razón racionalista es irracional, en el sentido que no adapta al ambiente del cual depende”/ Environmental Culture, Val Plumwood (2002).

[iii] Walden, Henry David Thoreau (1854).

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INFORMACIÓN GENERAL:

Los movimientos alrededor del sol, de Francisco Vazquez Murillo (Rosario, 1980), con curaduría de Guadalupe Creche.

Todos los jueves, viernes y sábads del 26/09 hasta el 31/10 en Fundación El Mirador (calle Brasil 301, San Telmo, Buenos Aires).  

Activaciones:

Sábado 26/10 a las 17:00 horas Kundalini en el Parque Lezama.

Sábado 26/10 a las 19:00 horas Sesión de Gongs en el subsuelo.