ALEXANDRE ARRECHEA

Bajo vigilancia
By Calirman, Claudia
ALEXANDRE ARRECHEA

Como bien dicen, nada dura para siempre - y esto incluye a las colaboraciones artí­sticas. Durante doce años, Alexandre Arrechea, nacido en Trinidad, Cuba, en 1970, formó parte del trí­o Los Carpinteros. Los integrantes del grupo -un colectivo artí­stico con base en La Habana compuesto por Arrechea, Marco Antonio Castillo y Dagoberto Rodrí­guez - se habí­an conocido cuando aún eran estudiantes en el prestigioso Instituto Superior de Arte de La Habana a principios de los noventa. A lo largo de los años, la obra del trí­o ha sido reconocida y apreciada internacionalmente.
Tres años atrás -el 4 de julio de 2003- Arrechea decidió romper esta colaboración de larga data y emprender su carrera en solitario. Según lo indica el artista, esta fecha marca el momento en que abandonó Los Carpinteros para incursionar en nuevas formas de arte. Como toda ruptura, ésta trajo implí­cita una difí­cil decisión para Arrechea, puesto que se vio obligado a dejar atrás la idea de desafiar las nociones tradicionales de la autorí­a individual.
Mientras que formó parte de Los Carpinteros, el principal interés de Arrechea se centró en combinar la escultura, el diseño y la arquitectura -produciendo obras que se ubicaban entre lo familiar y lo misterioso, creando colectivamente objetos humorí­sticos, disfuncionales e hí­bridos, tales como gabinetes de madera finamente tallados en forma de granadas, tanques de agua y cafeteras-, quitándole al objeto su significado y propósito originales y transformándolo en algo desprovisto de sentido y carente de función.
Desde que Arrechea dejó el grupo, se ha interesado más en explorar la relación entre los espacios públicos y los privados. Ha comenzado a crear obras que denomina "esculturas sociales", y que mayormente cuestionan los espacios bajo vigilancia.
Uno de sus primeros proyectos individuales para un espacio público fue El Jardí­n de la desconfianza (2003), que estará en exposición en la próxima Bienal de Taipei, a realizarse en noviembre de 2006. La obra original fue realizada un mes después de la muerte de su madre e inmediatamente después de que Arrechea abandonara Los Carpinteros. Consistí­a en un árbol metálico de 4 metros de altura pintado con esmalte blanco, con 22 cámaras de vigilancia montadas en los extremos de sus ramas. Los espectadores eran seguidos permanentemente por las lentes de las cámaras y las imágenes eran transmitidas por la Internet. La obra pone en tela de juicio la idea de que el propósito del aparato de seguridad sea el protegernos cuando nos encontramos en espacios públicos, y plantea que se transforma más bien en una intrusión dentro de nuestra vida privada.
La pieza también subvierte la idea de quién ve y qué se supone que debe verse en un espacio institucional, como por ejemplo un museo o una galerí­a. En El Jardí­n de la desconfianza, no es sólo el espectador el que contempla la obra de arte, sino que la instalación también penetra en el espacio del espectador, violando su privacidad.
En otra instalación individual, Sudor (2004), se proyectan imágenes de un juego de baloncesto en una cancha de ese deporte en La Habana. Para este proyecto, Arrechea filmó a sus vecinos jugando al baloncesto en el mismo espacio público a lo largo de una semana. La cámara se mantuvo siempre enfocada sobre las pizarras de la cancha, de manera que no se ve a los jugadores durante el juego. Lo que se observa es la iteración, las canastas de encestar, ocasionalmente la pelota, acompañadas estas imágenes por la grabación de los sonidos y ruidos producidos por los jugadores. El 14 de febrero de 2004, Arrechea organizó una fiesta para presentar la instalación en la misma cancha donde se habí­an desarrollado los juegos. A pesar de su presencia en la cancha, los asistentes se encontraban allí­ solamente en calidad de espectadores y no como participantes del juego, puesto que el mismo ya habí­a tenido lugar. El tí­tulo Sudor es una alusión al agotamiento fí­sico. Sin embargo, ninguno de los presentes transpiraba. Todos simplemente observaban el partido, de manera tal que se convirtió en un juego basado en la idea de la presencia o ausencia del espectador, así­ como en un comentario sobre la transformación y la violación de la función original del espacio público.
Su pieza más reciente, Entrada libre para siempre (2006), actualmente en exposición en el Museo de Arte Contemporáneo Español Patio Herreriano, en Valladolid, España, consiste en una escultura arquitectónica de una sección de un estadio deportivo ejecutada en madera. En los accesos a este estadio/instalación (11 x 4.5 x 2,5 metros) se ubican tres pantallas de TV de plasma que muestran imágenes del público a medida que éste ingresa en el museo. La obra establece así­ un paralelo entre el estadio y el museo.
Arrechea reside la mayor parte del año fuera de Cuba, realizando proyectos para galerí­as y museos en diferentes partes del mundo, principalmente en Europa y Asia. Desde el verano de 2003, se le ha negado la entrada a los Estados Unidos sobre la base de la Ley de Seguridad Nacional, habiéndosele negado la visa en dos oportunidades. Su hija nació en España, razón por la cual actualmente pasa la mayor parte del año en Madrid. Recientemente, en 2006, presentó en Magnan Projects, Nueva York, una exposición titulada Dust (Polvo). Consistí­a en una instalación escultórica compuesta por cinco punching bags (sacos de boxeo) de vidrio conteniendo escombros recolectados en ciudades que habí­an tenido un significado especial para el artista a lo largo de su vida alrededor del globo, resaltando el contraste entre la fragilidad del material -polvo y vidrio - y la naturaleza del deporte -el boxeo. Debido a la situación con su visa, Arrechea nunca pudo ver la versión final de su proyecto instalada en el espacio de la galerí­a.
No es de sorprender que Arrechea considere a su obra como parte del contexto social en el cual se inserta y no como una pieza de arte autónoma. Sus obras reflejan aspectos geopolí­ticos de la vigilancia y el control, ya sean las polí­ticas de las instituciones relacionadas con el arte como así­ también, en un contexto más amplio, la naturaleza de una sociedad sujeta a control, llámese Cuba o Estados Unidos.

* Claudia Calirman (Ph.D.,Centro para Graduados, Universidad de la Ciudad de Nueva York) es profesora adjunta en el Museo de Arte Moderno, NY, y en el Parsons The New School of Design, NY. También es conferencista del MoMA y del Museo Solomon R. Guggenheim.

Todas las imágenes son cortesí­a de Magnan Projects, Nueva York.

Alexandre Arrechea nació en Trinidad, Cuba, y se graduó en el prestigioso Instituto Superior de Arte de La Habana en 1994.
Participó en numerosas exposiciones, entre ellas las presentadas en el Museo de Arte Moderno, Nueva York; Museo de Arte de Shangai, China; P.S. 1 Contemporary Art Center, Nueva York; Kunsthalle, Berlí­n, Alemania; Universidad Estatal de Arizona y Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, California; y participó en la Bienal de La Habana 2000; Bienal de Shangai 2002, Bienal de San Pablo 2002; Bienal de Liverpool 2004 y Bienal de Venecia 2005. Como integrante del trí­o Los Carpinteros, se hizo acreedor al Premio a la Excelencia Artí­stica de la UNESCO en 2002. Sus obras están representadas en las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, California; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofí­a, Madrid, España; Museo de Bellas Artes, La Habana, Cuba, y Bienal de Taipei.