Roger Mantegani

El Teatro de la Vida
Roger Mantegani
  La pintura de Roger Mantegani está cargada de alusiones. Todo su mundo está puesto en un espacio escenográfico en el cual hombres y objetos se sitúan frontalmente en una marcada pose teatral. Es el gran escenario de la vida que el artista presenta en su dualidad constante. Lo aparente y lo real se confunden. Lo verdadero y lo ilusorio se suman sin diferenciarse. Es como una sí­ntesis visual en la que el artista vuelca su visión del mundo; con sus dualidades, su ambigüedad y un inevitable sentimiento de caos.
En esa interpretación dionisí­aca de la existencia, con sus oscuridades misteriosas y sus luces equí­vocas, el artista halla una auténtica vocación expresiva. Tal variedad de imágenes situadas en un plano de igualdad, en el cual no hay jerarquí­as, asocia a esta pintura con un neobarroco americano siempre vigente. No es necesario identificar a ese barroquismo expresivo con la naturaleza exuberante de América, tal como suele hacerse. Hay un sentimiento existencial y una modalidad expresiva que identifican al artista americano (y también a la mayor parte de sus pensadores) con el barroco moderno y aun, tal vez, con el postmoderno. En los escenarios de Roger Mantegani se multiplican, como decí­amos, las alusiones más diversas. Hay residuos arcaicos conservados por la memoria, que aparecen como telones de fondo o en columnas, pórticos y capiteles que se elevan y enmarcan, creando una suerte de acceso hacia un trasfondo, generalmente lleno de luz, que ilumina un espacio de fuga que es al mismo tiempo como un ámbito ideal, al que las figuras centrales dan la espalda. Vasijas, antiguos ropajes, dameros renacentistas, estatuas y figuras hieráticas ?a veces enmascaradas? integran ese segundo plano del coro teatral. Al frente están las figuras que señalan la contemporaneidad de la escena. Son generalmente hombres expuestos a la plena luz del primer plano, con sus ropas actuales, en jeans, con anteojos negros ?en algunos casos? o insólitos sombreros pasados de moda, en otros.
La luz cae sobre ellos acentuando su condición de protagonistas; una máscara con hojas cubre una cabeza, recordándonos a Arcimboldo. Sombreros de copa, antifaces, mobiliarios de estilos diversos, nos llevan una y otra vez al gran guiñol. Los instrumentos musicales ?con claro predominio de los vientos? destacan sus estructuras corpóreas notablemente plásticas. Las poses son fotográficas, acentuando encuadres desde diferentes ángulos. Todo está expuesto a nuestra percepción directa, como ante una gran oferta de significaciones, invitándonos a desentrañarlas.
Si para el receptor de la obra artí­stica el verdadero placer de mirar consiste en indagar en los sí­mbolos contenidos en las obras, las pinturas de este artista, realizadas con los recursos más valederos y tradicionales del arte pictórico, pero desde una percepción actual, abren un amplio registro reflexivo acerca de sus significados y sentidos.