REVIEWS - THE PAINTING OF JUAN VICENTE FABBIANI

Muci Gallery, Caracas
REVIEWS - THE PAINTING OF JUAN VICENTE FABBIANI
Al observar con atención los bodegones de Juan Vicente Fabbiani de los años 1940 - esos sencillos conjuntos de frutas, panes, peces, botellas y cacharros - así­ como sus jarros y floreros contentivos de alargados tallos o nutridos bouquets de carnosas texturas, certificamos su deliberada voluntad de sí­ntesis en obras de un parco naturalismo dotadas, de una sensación de inestabilidad y rotación virtual donde frutas y objetos, inclinados a derecha o izquierda de sus ejes y vistos casi siempre por debajo de la lí­nea de horizonte, aparecen como arrastrados por centrí­fuga movilidad, sensación que refuerza el peculiar "barrido" de las pinceladas.
La otra gran vertiente de Fabbiani fue el desnudo femenino en los cuales se distinguen su evolución técnica y cromática, así­ como los cambios experimentados desde las robustas negras de almendrados ojos coincidentes con el déco caraqueño, hasta las poses más convencionales como su Desnudo con guitarra galardonado en el Salón Planchart de 1948. Pero también de personajes vinculados a un trasfondo de realismo social: muchachas rurales, parejas de negros y niños campesinos más testimoniales que denunciativo.
Fabbiani fue pintor de muy diversos temas y, entre ellos el paisaje, tal como lo evidencian La casa entre los árboles (1932) y El caserón blanco (1933), telas de una constructiva reciedumbre y extraña expresividad cuasi metafí­sica, ejemplos de una manera de asumir el espacio como ningún otro venezolano, a excepción de Francisco Narváez, lo habí­a hecho hasta entonces. Ambas telas aparecen reproducidas a todo color y en impecable impresión en el libro de Carlos Silva, La pintura de Juan Vicente Fabbiani, obra de reciente publicación de Gráficas Armitano presentada en la exposición del artista el pasado 12 de marzo en la Galerí­a Muci de Caracas.
Esta selección confirmó un primer tramo estilí­stico cuya extensión cubre hasta fines de los años cuarenta y se caracteriza, sus del desnudos femeninos, por un estudio de sus modelos, desdibujados en hombros y caderas a fin de sugerir un mayor peso visual a las formas construidas con austero rigor en imágenes de bulto o sentadas sobre un banco de taller cubierto por paños generalmente rojos. Son mujeres tranquilas y robustas, sin sensualizados volúmenes. En el Fabbiani de estos años, Cézanne se manifiesta en una voluntad de sí­ntesis donde el color, reducido a una breve paleta, es aplicado en amplias zonas a modo de grandes secciones yuxtapuestas: ocre para las figuras, rojo los paños y verde el plano de fondo cuyo tratamiento deviene un "barrido" de severa ejecución. De repente, su producción se detuvo por largo trecho.
A partir de los sesenta se produjo un cambio tan inesperado como insólito: ahora sus modelos serí­an esbeltas jóvenes de sensuales poses vistas de frente o de tres cuartos, siempre de pié y hasta la mitad de los muslos. Sus cuerpos, que acusan la tersura epidérmica de sus formas, proyectan sus sombras sobre planos monocromos. Algunas de éstas -a quienes el artista llamó "las chicas del burlesco"- retratadas bajo potentes focos y destacando el carmí­n de sus mejillas, la sombra verdi-azul de sus ojeras y el blanqueado cosmético del cutis, esbozan radiantes sonrisas que delinean el rouge encendido de sus labios. Todas aparecen peinadas a la moda.
A poco surgieron otros desnudos que algunos llamaron, "hembras de goma-espuma", aludiendo a los maniquí­es destinados a los caprichos eróticos de cierta clientela, sobre todo aquéllos en los cuales Fabbiani se complace en magnificar las redondeces de sus modelos tratadas frecuentemente de espaldas o de semi-perfil a fin de evidenciar sus pechos de pronunciados pezones y exagerados glúteos. Hasta sus muñecas, suerte de niñas de ensamblados miembros, aparecen como sucedáneas de sus féminas de silicona. Su Venus victrix (1981), por oposición, reúne las mejores cualidades del itinerario de Fabbiani: esmerada y precisa ejecución, color justo y aterciopelada textura visual y una cierta reminiscencia neoclásica con sutil desdibujo, corresponde a esa manera de ver y de concebir las formas por parte de un artista cuya contribución a la modernidad en Venezuela evidenció la presente muestra.