Carlos Cancio

Simbolismo y Sustancio Humanística en la Obra del Pintor Puertorriqueño
By Peralta Aguero, Abil
Carlos Cancio
  Una lectura crí­tico-visual de la obra pictórica del artista puertorriqueño Carlos Cancio,1961, provoca a su primer contacto con el espectador una sensación de agitación sedante que pone en tensión todo el territorio generatriz capaz de estimular el entendimiento, sentimiento y emociones a las que está sujeta la naturaleza humana. Su obra es vigilia, seducción y silencio, portadora de una resonancia sutil, desde la que emergen palabras únicamente propias para la reflexión espiritual o la nada. Su pintura es de un radicalismo existencial que sobrepasa lo ideológico y lo religioso a la vez, para situarse en el centro mismo de una verdad plasmada visualmente como una correspondencia directa con el ser. La vida en su obra es fuga, tránsito y mensaje cifrado que se perderá en el espacio terreno de la demencia colectiva y solo ganará permanencia en los estadios del misterio insondable de lo desconocido; su arte anarquiza el orden y la moral de los diarios, de la cátedra y de la lógica. Sin embargo su anarquí­a atmosférica es de una saludable espiritualidad porque trasciende el delito de la percepción cotidiana y la mirada de la realidad tangible, para en cambio propiciar el reino de la fantasí­a y de lo maravilloso. Un fenómeno que se produce en su obra debido a que su presupuesto argumental está basado en la metáfora del signo y en una concepción-visión del hombre, inscrita dentro de un humanismo mí­stico redentor, en el que el hombre-humanidad asiste al hombre humano como una expansión plenaria del supremo ser-Dios. Carlos Cancio apela al simbolismo de sus escenas, que tienen como centro hegemónico conceptual a la papaya como una semiologización del poder y fecundidad perenne de la naturaleza a partir de la semilla, como parte de un proyecto de visualización que le permite exponer plásticamente experiencias espirituales y personales trascendentes, asociadas a un humanismo gnoseológico a la manera del filósofo alemán F. C. S. Schiller, procurando que toda verdad en su obra esté simbólicamente determinada por las necesidades humanas más profundas. Partiendo del diseño de una dialéctica estructura compositiva, el artista nos presenta escenas inscritas dentro de una ortodoxia representacional que le permite exponer una composición no unitaria, sino abierta, atrevida, desafiante y radical que potencia las partes del todo en la semantización y visualización de su personal manera de ver la existencialidad y el misterio de vivir. En su obra opera el fenómeno activo de la up pictura poesis: una pintura portadora del lenguaje profundo de la poesí­a en su expansión y contacto con el espectador.
Carlos Cancio no aspira a la sacralización modélica de la tradición artí­stica en la pintura. Él se muestra fúrico. Proponiéndonos formulaciones anárquicas de una asociación simbólica radical que se inscribe como en el poeta y teatrista francés Antonin Artaud, dentro de la dialéctica del absurdo, sin llegar al surrealismo con sus fantasí­as, impregnadas de un sociologismo bárbaro, tántrico, mágico y sensual. El artista desmitifica la mecánica, asociándola magistralmente a la naturaleza en obras como la titulada "El delivery de la papaya", en la que asocia en forma dialogante dos elementos mecánicos: camión de carga/ fruta-papaya helicóptero.
En otra formulación plástica y conceptual suya, entroniza el hombre en el territorio seminal de la naturaleza cuando nos propone con paranoico acierto estético y conceptual su obra titulada "Un bañito", en la que una bañista reposa dentro de una sensual y erótica visualización de la papaya, una formulación pop-simbólica que niega toda posible estridencia visual o conceptual para legitimarse como una propuesta estética / pictórica honrada en su plasticidad y en su pictorialidad. Para la conformación de su universo plástico, Carlos Cancio aplica una pincelada táctil, facturalmente anárquica en su armonización, racionalizando así­ una gramática del color que se apoya en un espectro prismático, denso, plomizo y opositivo en cálido-frí­o, para traducirlo en sus telas en una atmósfera de contemplación y misterio, en la que el ego trasciende la oración, como afirmación del absoluto humano, no como pecado o aurora corrompida, sino como mí­stica afirmación del ví­nculo directo del hombre con su ser.