REVIEWS - ARCO 2005, LAS ILUSIONES Y LA REALIDAD

Juan Carlos I Exhibition Center, Madrid
By Aranda Márquez, Carlos
REVIEWS - ARCO 2005, LAS ILUSIONES Y LA REALIDAD
¿Qué museo de arte contemporáneo se negarí­a a recibir 180 mil visitantes en cinco dí­as, o una ganancia de cerca de 53 mil euros por esos mismos dí­as de trabajo? Ésos son, a grosso modo, el número de visitantes y el promedio de ganancias que se pueden obtener en una feria como Arco. Todaví­a no tenemos el reporte real de lo que obtuvieron las 17 galerí­as seleccionadas para representar a nuestro paí­s como invitado de honor, pero también debemos recordar que la presencia de México en España se tradujo en un vasto e intenso programa que podrí­amos dividir en dos y un inciso.
Lo primero que debemos analizar es la enorme pompa y la torpe circunstancia de llevar nuestra sempiterna estampita de Frida Kahlo como estandarte diplomático, y que sirviera como telón para la foto entre los reyes de España y la pareja real de nuestro paí­s. No sabemos si era un apéndice del pabellón o la puerta al arte contemporáneo que se produce y se exhibe en México.
Ni la bomba terrorista del primer dí­a de actividades ni el incendio del edificio Windsor en la noche del cuarto dí­a lograron disuadir al público de visitar la primera de las grandes ferias de arte que se celebran por todo el mundo. Lo singular de la feria es que se está transformando nuestra experiencia estética y el consumo de imágenes que se ofrecen en las 279 galerí­as seleccionadas en esta edición de Arco.
Para las galerí­as mexicanas que ya conocen las reglas del juego, implicó tener obras en el stand pagado por México, en un área significativa pero no relevante, y las mejores obras de sus artistas exhibidas en locales cuyo espacio era mucho mayor. La prensa española elogió la presencia mexicana en Arco en uno o dos párrafos y punto. Se cumplió bien con la primera ilusión: exhibir arte mexicano en igualdad de condiciones con las galerí­as que se anuncian en Artforum o ArtNexus, pero que ese enorme esfuerzo hablara de una iniciativa cultural equiparable a la exposición de México, 30 siglos de esplendor.
La segunda parte era igualmente ambiciosa, con una gran variedad de eventos relacionados con la Feria. Debemos analizar dos exposiciones, porque sus aciertos y errores fijarán un cierto rumbo en la historiografí­a del arte de nuestro paí­s. Ambas fueron organizadas para una misma institución, pero en diferentes inmuebles. La exposición de Gabriel Orozco en el Palacio de Cristal en el Parque del Retiro fue un engaño rotundo, primero, para los españoles o turistas que no sabrán si el artista se dedicó solamente a seleccionar una retrospectiva que no habla claramente de su trabajo y luego echó a perder una de sus mejores obras al sacarla de su contexto original. Nos referimos a Sombras entre aros de aire, que habí­a sido concebida para el Pabellón de Italia, en la pasada edición de la Bienal de Venecia (2003), donde la obra creaba un eco fascinante del jardí­n de Carlo Scarpa en las afueras de ese pabellón. Al llevarla al Palacio de Cristal, la obra se veí­a como una triste maqueta de sí­ misma. Las otras piezas, entre abandonadas a su suerte o colocadas en unas estupendas vitrinas, no podí­an competir contra la magnificencia del Palacio de Cristal y el entorno del jardí­n.
La otra exposición paradigmática, Eco: Arte Contemporáneo mexicano, fue curada por Osvaldo Sánchez y Kevin Powers para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofí­a. Los trazos comprendí­an las diferentes genealogí­as del arte en los últimos cincuenta años. ¿De dónde proviene el arte abstracto? De Gunther Gerzso... ¿y la pintura figurativa...? de Enrique Guzmán y Julio Galán. El arte experimental provení­a de Marcos Kurtycz por un lado y Ulises Carrión, por otro. La narrativa posterior se complicaba un poco pero el criterio de selección era aún visible. No se pueden ignorar las grandes ausencias como Francis Alys por un lado; o la ruta tomada por los artistas posteriores a Gabriel Orozco. Tanto Abraham CruzVillegas como Damián Ortega optaron por no presentar obras por estar en total desacuerdo con el planteamiento curatorial. La mayor ironí­a radica en que los futuros lectores de nuestra historia del arte pensarán que los puntos de tensión y experimentación del arte contemporáneo de nuestro paí­s les serán accesibles en el arco que va del catálogo de Así­ está la cosa al de Eco: Arte contemporáneo mexicano. Para muestra de esas ironí­as, en el trí­ptico de obsequio a la exposición que durará cuatro meses, están las fotografí­as de obras hechas por un español, un argentino y un chileno naturalizado mexicano. ¿Quién le explicará a las hordas del Reina Sofí­a que esas obras son mexicanas? La historia del arte contemporáneo mexicano y su teorí­a deberán esperar otros actos de justicia.