DE COLECCIONES Y COLECCIONISTAS

Espacio 1414 - La Colección Ecléctica de los Berezdivin en Puerto Rico
 
Para muchos, espacio 1414 podrí­a convertirse en un rival virtual de otras instituciones de arte contemporáneo en la isla, ya sea el Museo de Arte Contemporáneo o cualquiera de los anexos del Instituto de Cultura.
By Pedro Velez
DE COLECCIONES Y COLECCIONISTAS

Para muchos, espacio 1414 podrí­a convertirse en un rival virtual de otras instituciones de arte contemporáneo en la isla, ya sea el Museo de Arte Contemporáneo o cualquiera de los anexos del Instituto de Cultura. Esta percepción provincial no se fragua sólo por el arte de gran calibre allí­ expuesto, sino porque este cubo blanco y espacioso, diseñado por el arquitecto Leslie Boursian, tiene los gadgets tecnológicos que permiten la preservación y conservación de las obras. Detalles que las instituciones culturales auspiciadas por el gobierno no pueden sufragar económicamente. La institución también cuenta con un curador residente, la venezolana Julieta González, quien se ha encargado de organizar lo que parecerí­a ser una tarea épica, cientos de obras, muchas de ellas en su empaque original, esparcidas por tres almacenes.
Si es cierto que las instituciones culturales en la isla han fallado en en agrupar colecciones coherentes de arte universal, también es cierto que el reciente boom del arte puertorriqueño en las esferas internacionales y el desarrollo académico de una generación de artistas que estudian fuera de la isla, han sido agentes de cambio en la sociedad puertorriqueña que promueven indirectamente la necesidad y aceptación de espacios noveles como el 1414.
Es importante clarificar que para los Berezdivin, espacio 1414 no pretende competir con nadie, sino complementar la escena del arte puertorriqueño.
Durante la década de los sesenta, Diana Berezdivin se tomó el atrevimiento de comprar su primera pieza de arte, acto que le provocó un sentimiento de culpa, ya que en aquel momento la economí­a familiar no era la mejor. Ya en los años 70 y contando con la colaboración de su esposo Manolo, aquella compra compulsiva se convirtió en una práctica. Diana explica que la formación de su colección fue intuitiva; compraban lo que más les gustaba. Sólo más tarde se dieron a la tarea de escuchar consejos de profesionales del arte y curadores, lo que explica la diversidad de trabajo, estilos y artistas concentrados en una misma sala.
Los Berezdivin atravesaron por tres ciclos de adquisición: primero fue arte de Puerto Rico e Israel, promovido en parte por sus viajes frecuentes y la accesibilidad; luego, arte latinoamericano, caribeño y de la Vanguardia Cubana; y ya en los últimos diez años, se adentraron a las nuevas tendencias globales en las cuales la nacionalidad o región de un artista no es cuestionada.
Al preguntar si han seguido algún modelo en la construcción ideológica del espacio, la coleccionista mencionó a Luis A. Ferré, ex gobernador de la isla en los años 70, el cual construyó una pequeña pero respetada colección privada de arte pre-Rafaelista y la cual evolucionó en lo que se conoce hoy en dí­a como el Museo en Ponce. Aunque para Diana Berezdivin la idea de convertir espacio 1414 en un museo no es atractiva, por ahora la idea principal es organizar y mostrar temporalmente selecciones de la colección al público... sobre todo que sea un lugar donde los artistas jóvenes puedan estudiar las nuevas tendencias de cerca.
Para lograr este objetivo, Julieta González decidió mantener un rigor curatorial y dividió tendencias en grupos temáticos, como la dicotomí­a entre lo público y lo privado; la domesticidad; el archivo; la idea del viaje, ya sea el turismo o la diáspora; la construcción de identidades; el inconsciente reprimido; y la ciudad. Si es cierto que la diversidad de artistas y estilos o escuelas de pensamiento no permite ver una estructura o proceso de deliberación y edición lógico en la construcción de la colección, sí­ es posible observar unas vertientes dominantes, tales como la fotografí­a conceptual, la pintura y la instalación.
En términos de lo que parece ser la filosofí­a o identidad de la colección, la temática de identidad, ya sea personal, cultural o social, permea cada obra. Existen también muchas contradicciones ideológicas y de factura, las cuales no se pueden atar ni con cola. Ejemplo claro es la presencia de la obra ultra kitsh y polí­ticamente cargada de Pepón Osorio junto a la decoración estilizada y postmoderna de Jorge Pardo; o la melancolí­a de identidad de Kcho junto al humor negro de Meyer Vaisman o el urbanismo de Luis Gispert.
Entre las gemas de la colección se encuentra Takashi Murakami (Koumok Kun), una escultura de gran formato que consiste en un guardia imperial, tipo peluche sci-fi, originalmente concebido como un traje para una performance que realizó el artista en Nueva York. La represión sexual forma parte del que es uno de los mejores trabajos de Arturo Herrera, el mural When Alone Again, 2001, en el que la figura de Blancanieves, especí­ficamente su cara, se pierde en un remolino compuesto de pedazos de extremidades de los siete enanitos, creando así­ una imagen doméstica, violenta y prácticamente abstracta, en la que reconocemos las figuras individuales porque están guardadas en el inconsciente popular.
Cildo Meireles produce sorpresas inesperadas con una obra de 1978 en la cual el artista altera proporciones de objetos útiles creando un diorama escultural. También es gratificante ver la última obra de Juan Francisco Elso (Caballo contra Colibrí­,1988). Aquí­ un caballo tallado en madera, tipo naí¯f, hace referencia al mestizaje cultural en Latinoamérica. En la iconografí­a de Elso, el caballo representa la fuerza conquistadora de España, y el colibrí­ la fragilidad de una cultura indí­gena en plena mezcla con la cultura de su opresor.
La sección mas floja dentro de la muestra se observa en el renglón de la pintura contemporánea, la cual mantiene una factura modernista, figurativa y tradicional a pesar de presentar pintores conceptuales como Miguel Calderón y Enoc Pérez en compañí­a de clásicos latinoamericanos como Adriana Varejao, Flavio Garciandia, Guillermo Kuitca y José Bedia.
En los últimos diez años, los Berezdivin se han dedicado a renovar su visión y a aceptar de lleno el arte contemporáneo universal más que el regional caribeño o latino. A preguntas sobre cómo deciden cuándo dejar de apoyar o comprar a algún artista, Diana comenta que no es el cambio de estilo o falta de interés en su nuevo trabajo, sino dar oportunidad a otros.
Pedro Vélez - El arte es no es egoí­sta, me dijo, con una dulce sonrisa y afirmando con su cabeza.

A principios del año en curso y luego de presentar su más reciente adquisición, el espectacular mural de Fabián Marcaccio, Multi-Site Paintant, en el Museo de Arte de Ponce, Diana y Manolo Berezdivin, quienes llevan 4 décadas coleccionando arte, decidieron mostrar su colección al público. El espacio 1414, como se ha bautizado al viejo almacén que alberga sus tesoros, es un lugar inmenso de 3 pisos. El espacio sostiene una fachada exterior poco pretenciosa que toma al visitante por sorpresa en el momento en que éste se adentra en su interior. En la puerta principal se puede observar la mezuzah que han colgado los Berezdivin y que denota que éste no es sólo su lugar de trabajo sino que será además su segundo hogar.