Williams Carmona

El caribe, espacio para todos
Algunas de las descripciones de Cristóbal Colón en su Diario/Cartas son puro surrealismo. Sus sirenas, la flora y su visión de el otro es literatura fantástica que le abrirá las puertas a escritores como Neruda y Garcí­a Márquez, y también a muchos de los grandes artistas de nuestras Américas.
By Alvarez Lezama, Manuel
Williams Carmona
Algunas de las descripciones de Cristóbal Colón en su Diario/Cartas son puro surrealismo. Sus sirenas, la flora y su visión de el otro es literatura fantástica que le abrirá las puertas a escritores como Neruda y Garcí­a Márquez, y también a muchos de los grandes artistas de nuestras Américas. Y es que el surrealismo ha sido uno de los elementos que nos han definido desde los Conquistadores- desde Ponce de León, la destrucción de los Incas y los Aztecas, la esclavitud, las religiones afro-americanas y nuestros contagiosos ritmos, hasta el presente ;desde Miranda y Bolí­var/Manuela hasta Rosa, la Revolución Mexicana, Lam, Frida Khalo, Evita, Matta, el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Fidel Castro, Lezama, Miami, J-Lo y el perreo. De hecho, toda esta poesí­a/locura posmoderna nos ha definido siglos antes de que el indefinible concepto de la posmodernidad existiera. Nada, que siempre hemos sido barrocos, románticos y brutalmente posmodernos
Y si ha habido un lugar donde estas intensidades/misterios/magias han sido magnificadas, lo es el Caribe: este eterno carnaval de placeres carnales, terribles injusticias, increí­bles dolores/vací­os y eternos sueños/esperanzas. Y en el siglo XX (que todaví­a no ha terminado), numerosos artistas caribeños han tratado (y algunos han tenido éxito) de capturar/interpretar/inventar escenarios que ni un Bosco se pudo haber imaginado. Aquí­ en el Caribe nada/todo es verdad y todo/nada es posible. Y, afortunadamente, nuestro arte surrealista no se repite de generación en generación, haciendo que esta otra historia paralela siempre sea un regalo, un reto.
Williams Carmona (quien nace en Cuba a mediados de los 60 y reside en Puerto Rico desde principios de los 90) ha sido una de las voces más provocadoras en Latinoamérica, al construir un discurso surrealista que nos hace ver/entender parte de nuestros presentes en nuestros muchos Macondos. Desde que era un estudiante de arte en Cuba, sus obras cuestionaron/retaron los órdenes establecidos por la Revolución (ya cansada y sin futuros), a la vez que sus pinturas fueron adquiridas/atesoradas por los amantes del arte que reconocen el raro abrazo de un discurso surrealista verdaderamente extraordinario, y un profesionalismo impresionante. La trayectoria de Williams Carmona una vez en el exilio es de todos conocida: su incursión en la nueva figuración (en su caso expresionismo caribeño), sus escenarios/mesas existenciales, sus huevos fritos, sus cabezas renacentistas, sus complejas y dramáticas instalaciones, sus fenomenales dibujos. Y ahora este joven artista nos vuelve a sorprender con sus nuevos "espejos" tridimensionales (sartenes donde aparecemos casi todos) que se presentan en la importante galerí­a Viota de Puerto Rico.
En sus sartenes, Williams Carmona ha combinado exitosamente la propuesta estética de Duchamp (que redefinirá el arte para siempre), el brillante concepto de la repetición de Warhol (que convirtió en poesí­a las nuevas formas/órdenes/valores de la post-industrialización), una realidad culinaria del Caribe (nosotros usamos el sartén para todo ya que lo freí­mos todo?), y su poderoso discurso surealista: un discurso que ha venido desarrollando desde que era estudiante en el Instituto Superior de las Artes (El ISA), en Cuba.
Estas obras de arte tridimensional llamémosles impactos visuales -combinan objetos que siempre hemos visto muy lejos de la estética (el sartén) y "cuentos" surrealistas que pueden incluir desde reconocidos personajes del arte renacentista hasta un interesante diálogo con los grandes del surrealismo del siglo XX; desde secretas experiencias amorosas del artista hasta nuestras realidades de hoy (la Revolución Cubana, las guerras en el Medio Oriente, los traumas de la globalización, los perpetuos misterios gloriosos del sexo, y nuestras inmensas ganas de cualquier tipo de imortalidad). Con esta impresionante obra, es claro que Williams Carmona continúa pidiéndonos/sacudiéndonos/forzándonos a que lo acompañemos en un viaje inolvidable, donde se nos hará más claro que tenemos que seguir tratando de hacer que esta corta vida no sea también pequeña. Nada, que la nueva obra de Williams Carmona hace claro, una vez más, que estamos ante un importante cronista de lo que Cristóbal Colón llamara el Paraí­so y que continuamos tratando de convertir en el Infierno.