Miguel Herrera

Un intenso vitalismo creador

La obra de Miguel Herrera, tan diversa y caudalosa, tiene un espí­ritu desbordante. Hay en ella un impulso vital que la excede, como si no hubiera forma de darle una contención. Este artista uruguayo ha abordado temas muy diversos: el paisaje del campo de su paí­s, la vida agitada de Nueva York, el mundo soñado del África, barcos y barcas y personajes de su inventiva (como de historieta) que emergen de sus relieves.

By Fèvre, Fermín
Miguel Herrera

La obra de Miguel Herrera, tan diversa y caudalosa, tiene un espí­ritu desbordante. Hay en ella un impulso vital que la excede, como si no hubiera forma de darle una contención. Este artista uruguayo ha abordado temas muy diversos: el paisaje del campo de su paí­s, la vida agitada de Nueva York, el mundo soñado del África, barcos y barcas y personajes de su inventiva (como de historieta) que emergen de sus relieves.
En todo ello ha puesto de manifiesto una personalidad muy singular. La ironí­a y el humor asoman en muchos de sus cuadros. Una modelo de rasgos orientales o un personaje poblado de blancos y de gruesos anteojos se suman a un anecdotario que pierde todo mensaje explí­cito para convertirse en un lenguaje plástico ambiguo, contradictorio y misterioso.
El artista recurre a soportes diversos para construir sus relieves que son como una ventana abierta hacia el mundo de la metáfora y la irrisión. Un sentido lúdico de la creación parece animarlo. Su mirada desprejuiciada carece de solemnidad intelectual. Por eso aborda los temas más diversos jugando con la imagen, como queriendo desarrollar todas sus variantes expresivas posibles ya que ninguna serí­a, finalmente, la definitiva.
Ya hace muchos años, en l929, Paul Valéry, que además de gran poeta era un pensador de fuste, señalaba que ?La Belleza es una especie de muerte. La novedad, la intensidad, la extrañeza; en una palabra, todos los valores de choque la han suplantado?. Tanto él a su modo, como Walter Banjamí­n en sus estudios de Baudelaire y del Parí­s del siglo XIX encontraban que las condiciones de la vida moderna traí­an consigo grandes cambios en la percepción del arte. No era posible mantener una actitud contemplativa pasiva ni requerir una perfección formal del objeto estético.
La intensidad de las experiencias de vida, los constantes cambios tecnológicos, en las costumbres y en la vida social han llevado a una búqueda transformadora de las expresiones artí­sticas. Todo está puesto bajo la mira.
La unidad de un estilo determinado, su continuidad en el tiempo, ya no constituyen un objetivo posible para la mayor parte de los artistas. Prevalece el cambio, la discontinuidad, lo fragmentario y fugaz.
La utilización de maderas recortadas ha adquirido en la obra de Herrera una creciente presencia consistente. Sin duda ha hallado en ellas -por ahora-, un medio adecuado para contener su mundo imaginativo que lo desborda.
En sus mutaciones expresivas, este artista mantiene una gran fidelidad memoriosa, que le permite extraer de sus vivencias anidadas en la memoria una fuente de renovadas percepciones. Allí­ radica entonces toda una garantí­a de identidad. Nunca podrá dejar de ser eso.
La densidad de la materia, su fuerza primigenia, como en el caso de la madera, la amalgama de materiales diversos, en sorprendentes e inesperados hallazgos, habla de una carga afectiva ajena a toda especulación demasiado premeditada y racional.
El artista parece dar así­ respuesta a las elecciones afectivas que nutren sus vivencias de hombre del Rí­o de la Plata y de esta época.
Sus obsesiones también están cargadas de utopí­as y de sueños (las referencias a los barcos, al mundo de Oriente o del África, regiones ignotas y lejanas que pueblan su inconsciente de aventuras soñadas). En los trabajos más recientes, decididamente planteados como relieves, hay una mayor exacerbación expresiva, que rompe con los lí­mites del cuadro saliendo al espacio real.
Es muy probable que el artista recurra a la tridimensionalidad en sus próximas búsquedas creativas, como medio más adecuado para exponer su mundo.
La mirada de este artista aporta un aire nuevo en el panorama plástico actual. No responde a ninguna moda ni a discurso estético en particular. Es el fruto de un vitalismo creador no muy frecuente en nuestros dí­as. De allí­ su originalidad y la expectativa que su obra despierta.

Nacido en la República Oriental del Uruguay en l953, se formó por su cuenta siguiendo las huellas de su abuelo, el escultor José Luis Zorrilla de San Martí­n. Expone individualmente desde 1983. Ha expuesto del mismo modo en Montevideo, Buenos Aires, Nueva York, México y Punta del Este. Ha participado de exposiciones colectivas presentadas en Montevideo, Lima, Madrid, Asunción del Paraguay y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Actualmente es artista de la Galerí­a SUR de Montevideo.