Germán Cabrera

Las Esculturas Férreas de Gemán Cabrera
By Erminy, Peran
Germán Cabrera
  En las obras de Germán Cabrera, además del sorprendente dominio de las técnicas de la escultura en metal, que le permiten al artista "modelar" los volúmenes con láminas gruesas de hierro, se advierten también varias constantes formales que aseguran la unidad y la continuidad estilí­stica de su producción, y un trasfondo de contenido metafórico común que expresa la angustia y la inconformidad de Cabrera ante el mundo mercantilizado, consumista y deshumanizado de nuestro tiempo. Ante la vida incierta y confundida del desamparado habitante de la metrópolis, perdido en los laberintos de esos monstruosos ensamblajes incoherentes que son las grandes ciudades, absolutamente indescifrables y discordantes por la disparidad de sus edificios, en perpetuo proceso de demolición y de remodelación, como un inmenso palimpsesto de reconstrucciones superpuestas, las esculturas de Germán Cabrera aparecen como una antí­tesis dialéctica cuestionadora del entorno urbano que las inspira. Es el contexto de la megametrópolis de Blade Runner, que ya estamos viendo.
Ahora sabemos que la historia no avanza en una sola dirección ni en un solo sentido, sino hacia todos los lados, hacia atrás y hacia el pasado al mismo tiempo. Y es esa visión múltiple y transhistórica de la realidad la que busca expresar el trabajo de Germán Cabrera.
El descenso visual de su obra es un reflejo expresivo de la pluralidad de nuestro imaginario colectivo latinoamericano, y lo es también de la fragmentariedad y de la discontinuidad crecientes de la realidad cotidiana en que vivimos. En este sentido, en una forma semejante y paralela a la de su obra escultórica, la pintura de Cabrera es una pintura abierta, polisémica (o plurisignificante), cuya comunicatividad permite no sólo diversas lecturas, superpuestas o sucesivas, que no ocultan su condición de lecturas convenidas, ni sus maneras de operar mediante códigos compartidos con el espectador. Es decir: lecturas que se miran a sí­ mismas como parte de esas "reglas del juego" que hacen funcionar a las artes (y también a la vida). Así­, el paso de un lenguaje visual a otro en la pintura de Cabrera, o el paso de la pintura a la escultura (o viceversa), viene a ser como un cambio de modelo de representación. Y en esos simulacros (o en esas representaciones), a las cosas significadas se les suma lo subjetivo y lo interpretativo que le añade cada lectura de cada espectador, con lo cual se cargan de cultura, de historia y de libertad.
El contenido simbólico de las esculturas de Cabrera gira alrededor de la idea de la transtemporalidad, o de la transhistoricidad, que se manifiesta en la coexistencia de épocas diferentes (o de alusiones a ellas) en una misma obra. Esta constante de la poética del artista se hace más notoria y ostensiva en sus temas de "arcas" (y de cofres), en los que la obra se sitúa en un tiempo y dentro de esa obra encontramos un arca de otro tiempo anterior, y dentro del arca se conserva alguna reliquia arqueológica (sagrada, legendaria o natural) que nos remite a la más remota antigüedad. Así­ se conectan cuatro o cinco épocas, incluyendo la actual de quien percibe la obra, en un mismo momento transhistórico, en el cual se evidencia el inexorable paso del tiempo y se expresa la precariedad del presente.
Otros sí­mbolos persistentes reflejan cierta angustia ante la pérdida del sentido de la historia y ante el derrumbe de la creencia en las virtudes "progresistas" y liberadoras de la tecnologí­a. En estos casos el artista suele recurrir a la sátira, como una de las formas predilectas de su humor, el cual se manifiesta también en la cualidad interactiva de la obra, que permite la participación lúdica del espectador. En otros casos el humor actúa como un antí­doto desideologizante, o como un factor subversivo anti ideológico (semejante a la definición de Octavio Paz). De cualquier modo, las esculturas de Cabrera constituyen una respuesta cuestionadora y una ruptura ante una realidad alienante.
Además de estos y de otros recursos metafóricos y discursivos de la obra de Germán Cabrera, habrí­a que destacar también algunas de sus otras virtudes expresivas, tales como su vitalidad, su fuerza, su frescura, su reciedumbre, su diversidad y su muy poderosa presencia fí­sica, que reivindica su objetualidad material frente a la progresiva virtualización del arte actual, que lo vací­a de realidad y de sensorialidad.