Víctor Valera

Un desenvolvimiento creativo
By Guédez, Víctor
Víctor Valera
  En su perspectiva más global, el desenvolvimiento creativo de Ví­ctor Valera ha tenido dos caracterí­sticas.
Por una parte, se pone de relieve una secuencia pausada que no ha estado exenta de momentos crí­ticos y de puntos de recogimiento, y por otra, se destaca que el desarrollo de su propuesta reciente se ha profundizado y ha proliferado con una vertiginosa aceleración.
Esto último se ha revelado a través de un amplio repertorio de formas inéditas que indican un momento estelar de la producción del artista. Una breve visión nos muestra la existencia de una sucesión de preocupaciones articuladas en cinco etapas fundamentales: la primera marcada por las incertidumbres propias de un esfuerzo incipiente; la segunda vinculada con la exploración de opciones figurativas; la tercera relacionada con la sedimentación de una codificación geométrica; una cuarta de acentuación problematizadora y esclarecedora de su lenguaje; finalmente, la etapa actual, que está caracterizada por la irrupción de lo pletórico y por la alegrí­a de las formas.
En esa primera etapa, que va desde 1954 a 1957, se destacaba esencialmente un esfuerzo de integración de formas en el espacio. Los fragmentos y desechos de metal se recontextualizaban en torno a un determinado concepto de orden y esquematización. Es importante destacar que sus ejecuciones de esa etapa están resueltas a partir de una idea dibují­stica. Por eso, sus piezas eran una suerte de dibujos en el espacio, en tanto que respondí­an a estructuras básicas y esquemáticas que se armaban con una intención geométrica y estaban rodeadas de una cierta incertidumbre formal, temática, técnica y hasta conceptual. Estas incursiones se desenvolvieron con secuenciales logros hasta culminar con la realización de la obra Aroa, que fue reconocida mediante el otorgamiento del Premio Nacional de Escultura en 1958. Esta escultura se definió a partir de la combinación de láminas que favorecí­an una apariencia volumétrica y que conquistaban una maleabilidad, donde el rigor y el lirismo se mezclaban con reciedumbre abstracta y con persuasiva armoní­a. En Aroa se enfatiza la noción de la forma y los volúmenes adquieren una repercusión expansiva. Los pliegues ambivalentes y los registros sinuosos se hacen protagónicos para generar perfiles inéditos y sorpresivos según los ángulos visuales. Ví­ctor Valera logró con esta resolución que las formas se escondieran en sus propias combinaciones y que los volúmenes se alteraran a partir de un extraño juego de percepciones simuladas y disimuladas. Es indudable que Aroa señaló un logro sustantivo en sus primeros ensayos constructivos y, para su momento, representó una conmoción que se concretó en la pública polémica entre Miguel Otero Silva y Alejandro Otero en torno a la abstracción y a la figuración. El ambiente que se generó fue tan resonante que produjo una interrupción en el trabajo de Ví­ctor Valera. Él nos confiesa: "el medio se posó fuerte, no se entendió con propiedad lo que yo estaba haciendo y eso me hizo sentir muy solo. El descontrol que esto me causó me llevó incluso a un hospital durante algún tiempo".
Ese paréntesis de retiro se cerró aproximadamente en 1962. A partir de entonces, y hasta 1969, el artista desarrolló diversas exploraciones figurativas. Estas esculturas no recibieron nunca un nombre especí­fico porque Valera nos recuerda que "creí­a que ellas se iban a quedar como ensayos, pero el tiempo transcurrió y llegué a hacer como 100 piezas, en las cuales se resaltan los guerreros, que adoptaban un ánimo de enfrentamiento contra mí­ mismo". Además de guerreros produjo Guardianes, ángeles y perfiles fraccionados en secuencias repetitivas. Esta etapa sirvió para renovar las fuerzas del artista y permitió favorecer la definición de su lenguaje escultórico: la utilización de módulos seriales, la sensibilidad para los acoplamientos constructivos, la acentuación expresiva de los recursos y la diversificación de las alternativas morfológicas fueron algunos de los alcances que se proyectaron en esa oportunidad. No sobra destacar que en los primeros momentos de esta etapa el artista recurrió a la utilización de chatarras, con lo cual pudo consolidar la riqueza constructiva derivada de las sorpresas, así­ como los amplios registros de las texturas. El artista tomaba los restos, residuos y fragmentos metálicos y los congregaba en conglomerados resueltos al margen de cualquier intención de perfección. Los desperdicios no escondí­an su pobreza, pero tampoco enmascaraban sus posibilidades constructivas. En todo este juego, los zunchos, alambres, tuercas, tornillos y retazos de hierro se despojaban de sus connotaciones originales para recontextualizarse en formas que incentivaban las expectativas creativas del escultor.
Luego, entre 1970 y 1980, se produce la sedimentación de su alfabeticidad geométrica. "Considero ?nos revela el artista? que ese fue el perí­odo de formación de la escultura propiamente dicha porque, aunque antes hací­a escultura, yo sentí­a que mis necesidades plásticas se colocaban en otras dimensiones. Comienzo a darme cuenta de que nadie podí­a matarme por lo que yo hiciera con mis piezas. Comprendí­ que el arte debí­a ser personal y que nunca como en aquel momento se podí­an acometer iniciativas. También comprendí­ que lo importante es entregarse con autenticidad: si uno comienza a jugar como un niño y sabe para qué juega, puede ir alcanzando la liberación de todo sometimiento y de toda enseñanza. Así­ retomé el trabajo y sentí­ que iba surgiendo con una feliz libertad. Si antes me atormentaba con la realización de cada pieza, ahora comenzaba a liberar al propio Ví­ctor Valera con toda su poesí­a, con sus equivocaciones, con sus cosas humanas. En definitiva, pude aceptar que cada artista tiene una gran riqueza y un supremo instinto que no pueden ser traicionados". Así­ surgieron sus estructuras ortogonales y ondulantes en las cuales las formas modulares proliferaban en direcciones ambivalentes y en horizontalidades desafiantes. Los esquemas perforados, los elementos en relieve, los positivos y negativos, las reactivaciones perceptivas de la luz, las sensaciones ópticas, los vací­os incorporados, los ritmos avivados, las multiplicaciones saturadas de módulos, las codificaciones algorí­tmicas, las seriaciones cuadradas o cilí­ndricas, y el predominio de soportes cuadrados van a constituirse en parte de la riqueza de su léxico plástico.