MARCOS LÓPEZ

El pintor de la “pactria”
MARCOS LÓPEZ

Hace miles de años, cuando éramos tan jóvenes que ni siquiera sabí­amos que lo éramos, empecé un texto sobre Marcos López diciendo que "es fama que las fotos simulan mostrar lo que existe. Es bueno que este rumor perdure. Pero hay un punto en que una foto no es más que la forma en que una mirada construye lo que mira. Y eso es tanto que se podrí­a pensar que es demasiado poco".

En aquellos años Marcos López retrataba en blanco y negro personajes de su vida de provincias -de esas provincias argentinas que algún desprevenido podrí­a haber confundido con Latinoamérica. Eran años felices, repletos, espantosos, adánicos; en aquellos años Marcos López era tan argentino que no necesitaba pensar cómo era eso. En aquellos años Marcos López construí­a a fuerza de mirar fijo, insistente, despiadado, amoroso, lo que tení­a más cerca. "Si Sanders no fuera un entomólogo, si Arbus amara a sus modelos, si Mapplethorpe no creyera en la belleza, López serí­a superfluo. Pero es necesario", escribí­ en aquella oportunidad. Desde entonces, pasaron muchos años -muchas cosas.
Para empezar, nos volvimos América Latina, digo: la Argentina se volvió latinoamericana. Nunca lo habí­amos sido realmente o, por lo menos, vivimos todo un siglo creyendo que no lo éramos. Fueron, es cierto, nuestros tiempos más felices. Ahora nos convencimos -¿nos convencieron?- de que sí­ éramos, y eso nos ha cambiado tanto.
Nos convertimos en América Latina, pero no en esa América Latina del cliché, de papagayos parlanchines, marañas abarrocadas y muchachas voladoras. No en esa América Latina de indios, de esclavos, de folclores -que era sólo una parte de ese todo. No esa América Latina que Europa querí­a ver: esa tierra prometida donde toda promesa podí­a suceder, esa tierra de la utopí­a de los conquistadores cristianos del siglo XVI, de la utopí­a de los libertadores liberales del XIX, de la utopí­a de los relibertadores socialistas del XX. No esa América Latina con un propósito, con un sentido manifiesto; sólo un continente que no sabe sobre sí­ mismo mucho más que ciertas cosas obvias: que aquí­ todo sucede un poco confundido, un poco amontonado, un poco pobre. Que aquí­ todo sucede tan diverso que casi todo podrí­a suceder.
Así­ que nos convertimos sin saber muy bien en qué, y fue entonces cuando Marcos López tuvo su acto de suprema pretensión: se apropió de América Latina y pensó que podí­a imaginarla y darle imágenes.
América Latina -parecí­a decir Marcos López- consiste en hacer caos de lo que el Primer Mundo considera un orden. Fueron los años de su Pop Latino: colores estridentes, luz violenta, í­conos de cultura basura, las marcas, los carteles, reinas sin reino, músculos sin cuerpo verdadero, plastiquito -y un velo de tristeza detrás del maquillaje. Allí­ habí­a una idea de América Latina y habí­a, sobre todo, una idea de la fotografí­a.
Durante décadas, la fotografí­a latinoamericana estuvo sostenida por el realismo: una cristalización de lo que cualquiera podrí­a haber visto. Era la idea Cartier-Bresson del "momento decisivo": ser capaz de apretar el obturador justo cuando corresponde. Habí­a en esa idea, también, cierta forma del sometimiento: que una imagen suceda o no en la realidad es azaroso. Y, en ese sentido, ser fotógrafo puede ser una humillación: someterse a ese azar.
Por eso, entre otras cosas, cuando Marcos López decidió imaginar América Latina, pensó que tení­a que pasar del realismo a la construcción de la realidad, de seguir la realidad cual perro fiel a decidirla para que sea más real: no mostrar, crear. En sus fotos, el momento decisivo ya no es aquel en que el fotógrafo capta lo que estaba afuera; es ese momento en que el fotógrafo termina de captar, con los ojos de la mente, la forma en que va a crear lo que debí­a haber estado. Para Marcos López, desde entonces, cada foto se convirtió en una obra de teatro: una puesta en escena de lo que estaba en otro lado.
Con esa idea, la idea de la fotografí­a ganó en ambición: ya no se resigna a mostrar. Ahora arma una realidad falsa, para que sea más real. Es lo que llamamos -o no llamamos- hiperrealidad.
Aquellas fotos contaban una historia pero eran, sobre todo, una textura de la periferia. Con su Pop Latino, Marcos López creó una mirada: lo que solemos llamar un estilo. Que desbordó, más tarde, cuando el fotógrafo decidió dedicarse al Sub Realismo Criollo: de las luces de esa Latinoamérica gruesa y cartelera, ese reordenamiento "berreta" de otras muecas, pasó a imágenes menos estridentes, con sus luces y sombras más sutiles, que mostraban más que nada argentinitos -como si fueran otros. Argentinitos haciendo de apóstoles en la última cena que se volví­a un asado, argentinitos haciendo de doctores en una lección de anatomí­a que abrevaba de Guevara muerto, argentinitos oscuros con un cuchillo en el pecho o una corona de tenedores en el cráneo: una Argentina en la que caben -releí­das, degradadas, mejoradas- aquellas imágenes canónicas de Europa, pero también esas pieles marrones.
El Sub Realismo es, además, la hiperrealización de aquella idea de la foto como construcción -gracias a la sabidurí­a digital. Ahora Marcos López compone sus fotos con la autoridad del director de actores y la paciencia del orfebre. Son puestas en escena muy complejas, que el fotógrafo puede realizar por partes -que después reunirá por virtud de la virtualidad. Hay una foto, entre tantas, que es el ejemplo más preciso: en Hospital, donde enfermo y enfermero posan unidos por la sangre, enfermo y enfermero son el mismo -unidos por la puesta y por el photoshop.
La foto digital permite -contra el momento decisivo- la posibilidad de corregir una y otra vez, de repintar. Antes hacer fotos era hacer muchas para que alguna fuera o fuese. El modo Marcos López de la foto digital consiste en ir componiendo, repintando. La foto -que era el arte de lo fatal irreparable- ahora es un espacio para el pentimento: lugar de la composición.
"Hay un punto en que una foto no es más que la forma en que una mirada construye lo que mira", decí­amos al principio -hace casi dos décadas. Es lo que hace, cada vez más, cada vez más consciente, el fotógrafo López. Que, ahora, parece estar volviendo a aquel origen provinciano argentino: hay, entre sus últimas imágenes, retratos que de tan despojados recuerdan a aquellos que hací­a entonces -aunque tanto haya cambiado tanto, y eso también se vea en esos cuadros.
Hace poco, Marcos López dijo que sus fotos eran miradas sobre ese pacto de silencio que nos constituye. Un pacto de silencio es lo contrario del silencio: cuando el silencio se hace pacto, el silencio grita, unánime, entonado. El pacto, ese tejido de silencios compartidos, dice Marcos López, es la patria: "El pacto en realidad son muchos pactos: matrimonios que conviven sin amor, traiciones de mayor o menor calibre, frustraciones, complicidades. Como un tejido molecular, la suma de los pactos conforma una red, un grupo social. La mismí­sima patria. El plástico los envuelve como si fueran sánguches de miga y terminan siendo un pegote como si fueran uno solo. El jamón se funde con el pan y con el queso", dice Marcos López y entonces deberí­a, quizás, decir la "pactria". Si toda sociedad es una "pactria" -el resultado de un arreglo, de una componenda, de un consenso- las nuestras, dice él, que calla poco, son el resultado del silencio: un pacto en el que cada cual se resigna a un lugar que no es el que querrí­a, el que querí­a. Sus fotos hablan todo el tiempo de esos lugares que no son: por eso el fotógrafo López sólo podí­a hacerlas mostrando lo que no estaba: inventando lo real. De eso se trata.

MARCOS LOPEZ nació en Santa Fe, Argentina, en 1958 y vive en Buenos Aires desde 1982. En septiembre de 2005 reunió trabajos desde sus comienzos a la actualidad en una muestra antológica en la Galerí­a Ruth Benzacar de Buenos Aires. Actualmente y hasta mediados de diciembre expone en la Galerí­a Fernando Pradilla de Madrid. Su obra forma parte de la colección Daros-Suiza, del Museo Reina Sofí­a, del MUSAC de Castilla y León, del Museo del Barrio de Nueva York, entre otros. Tiene tres libros publicados: Retratos en blanco y negro, ed. La Azotea, Bs. As.; Pop latino, ed.
La Marca, Bs. As. y Sub Realismo criollo, Universidad de Salamanca, España. Su obra puede verse en www.marcoslopez.com