OSCAR MUÑOZ

Auto-reflexiones
By Castro R., Fernando
OSCAR MUÑOZ

Aunque el autorretrato acarrea el riesgo de incurrir en egolatrí­a, no es infrecuente en el arte contemporáneo. Porciones considerables de las obras de Chuck Close, Lucas Samaras, Yasumasa Morimura y Cindy Sherman son auto-representaciones. Incluimos a Morimura y Sherman en este grupo con la salvedad de que su obra se basa en la impostura y por tanto es discutible si están representándose a ellos mismos o a otros. De hecho, una manera de evitar el autorretrato ególatra es descubrir a otros en la representación de uno mismo. Los autorretratos de Oscar Muñoz proveen rutas que comienzan consigo mismo y llegan a otros; mas no a través de la impostura.
Narcisos (1999), el tí­tulo de la serie de autorretratos de Muñoz, alude al mito griego -que nos ha sido legado principalmente por el poeta romano Ovidio. El hermoso joven Narciso fue castigado por la diosa Némesis debido a su crueldad con Eco, una ninfa que se habí­a enamorado de él. "Quien es incapaz de amar a otros, se amará sólo a sí­ mismo," dictaminó la diosa del justo enojo. Cuando Narciso se inclinó sobre un pozo para beber, vio su propio reflejo en el agua y se enamoró de él. En su intento de asir su propia imagen se cayó en el pozo y se ahogó. Las ninfas que lo habí­an amado buscaron su cuerpo en vano pues se habí­a transformado en la flor que lleva su nombre. La moraleja del mito: la auto-adulación puede conducir a la pérdida de uno mismo y quizá de otros. Una conclusión similar se puede aplicar en contextos del arte.
Los Narcisos son una serie de autorretratos ejecutados en cubetas de Plexiglas poco profundas. La imagen original del autorretrato es fotográfica, pero Muñoz -siempre atento a salidas alternativas para la fotografí­a, la transfiere a la malla del proceso de serigrafí­a. Sin embargo, él evita el siguiente paso hacia la producción de una serigrafí­a y coloca la malla sobre la cubeta con una profundidad de agua de aproximadamente una pulgada. Una vez que la malla está muy cerca de la superficie del agua, Muñoz la rocí­a con un fino polvo de carbón de tal manera que éste atraviesa sólo donde no queda bloqueado por la imagen en la malla. Al caer sobre el agua, el polvo dibuja el autorretrato sobre su superficie. El dibujo flota momentáneamente en el agua, pero los estragos del tiempo y las sacudidas terminan por distorsionar la cara de Muñoz. La imagen continúa descomponiéndose hasta que el agua se evapora y el polvo precipita al fondo de la cubeta, donde la cara distorsionada se fija de manera más permanente.
Aunque todos los Narcisos de Muñoz se hacen con la misma malla, ninguno es idéntico al otro. De hecho, algunos Narcisos terminan por parecerse a las caras de otros más que a la de Muñoz. Los Narcisos evidencian no solamente la naturaleza efí­mera del objeto de adulación narcisista sino también—en tanto el envejecimiento nos asemeja—lo vano del amor obsesivo por sí­ mismo. La belleza que alguna vez brilló en una semblanza juvenil se desvanece dejando tan sólo vestigios irreconocibles. La tradición mí­tica más radical de la Biblia condena toda auto-adulación: "vanidad de vanidades, todo es vanidad" (Eclesiastés 1:2-5). Salvo por la historia de la soberbia del diablo, en la ideologí­a judeocristiana estricta no hay lugar para la belleza, y por tanto, no hay una bella flor que nos recuerde sus peligros. La advertencia sobre los riesgos de la auto-adulación en los Narcisos de Muñoz está plasmada en una obra que más que bella es reveladora. "Del barro vienes y barro serás".
En 1998, cuando la instalación Aliento de Oscar Muñoz se mostró en el Bronx Museum of Art, se tradujo el tí­tulo como "encouragement" (apoyo). Esta traducción es sólo parcialmente correcta, porque toma como primario el significado secundario de "aliento". La traducción literal de "aliento" es "breath" como en "mal aliento" = "bad breath" ("mal apoyo" es casi una contradicción en términos). Traducir "aliento" como "apoyo" es equivalente a traducir (sin contexto) "aire" como "resemblance" y no simplemente como "air." Ha de quedar claro de la descripción de la obra de Muñoz que él probablemente quiso decir tanto "breath" como "encouragement." Haber escogido el significado más abstracto de la palabra es malentender la poética de Muñoz y por tanto, su obra.
Aliento (1998) es un conjunto de espejos de acero pulido. La superficie perfectamente reflectante de cada espejo esconde la imagen fotográfica de una ví­ctima diferente de la violencia o el secuestro polí­ticos. El ocultamiento de la imagen se logra gracias al medio graso invisible que Muñoz usa para imprimirlo en el espejo. Cuando el espectador se acerca al espejo, él o ella sólo ven su propia imagen especular. Su reflejo en el espejo se convierte en su autorretrato. Sin embargo, cuando el espectador se acerca a un espejo de Aliento, ella o él pueden interactuar con éste empañando su superficie con su hálito. La cara de la ví­ctima es visible en tanto perdure el empañamiento del espejo. Cuando el espectador deja de darle su "aliento" (y aquí­ es relevante el sentido de "apoyo"), la cara de la ví­ctima desaparece y reaparece la cara del espectador. En otras palabras, cuando el espectador se distancia de la imagen del otro, éste se hace nuevamente invisible.
Aliento deviene en metáfora de lo que ocurre en muchos casos de "desapariciones" polí­ticas. Con frecuencia nadie sabe si la persona desaparecida ha escapado de la persecución polí­tica, ha pasado a la clandestinidad, ha sido secuestrada o ha sido asesinada. Los victimarios suelen negar incluso que la persona desaparecida alguna vez existió. De esa manera las ví­ctimas se hacen invisibles como los retratos en los espejos de Muñoz. Aliento es también una reflexión sobre la manera como las imágenes fotográficas mantienen vivas las memorias de sus sujetos. Su memoria subsiste no tanto porque hay una imagen de ellos sino porque alguien piensa en ellos. El retrato de una persona no identificada no está en la memoria de nadie. El tí­tulo de la obra en CD-ROM de Pedro Meyer Fotografí­o Para Recordar sobre la vida, agoní­a y fenecimiento de sus padres señala precisamente esto: las fotografí­as mismas no son memorias, sólo ayudas nemotécnicas.
Muchas de las obras de Muñoz están caracterizadas por una extrema fragilidad y vulnerabilidad. Los espectadores que empañan los espejos de Aliento con su aliento a veces terminan salpicándolos con saliva. El espejo no puede limpiarse frotándose sin afectar la imagen. También los Narcisos son frágiles porque el movimiento excesivo puede destruir totalmente sus imágenes flotantes. Mas aún esta fragilidad de la obras —tan preocupante para el coleccionista— tiene un correlato en su interpretación, ya que denota la tenue relación entre el espectador y el sujeto, entre la apariencia y la realidad, entre el arte y la verdad, o entre nosotros y las imágenes que construimos de nosotros mismos.

Oscar Muñoz nació en Popayán, Colombia, y se graduó en 1971 en la Escuela de Bellas Artes de Cali, ciudad en la que actualmente vive y trabaja. Por más de veinte años, Muñoz ha creado obras enigmáticas que exploran la naturaleza de la representación a través de técnicas fotográficas y de impresión mecánica. A menudo crea estas imágenes utilizando materiales inusuales e inestables como el aliento humano, el agua, la luz y el polvillo como medio de atraer la atención hacia la naturaleza transitoria de la vida. Sus obras están representadas en numerosas colecciones públicas y privadas, entre ellas las del Museo de Bellas Artes de Houston, la Colección Daros, Zurich, Suiza, el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, y la Tate Modern de Londres.