MACO

Confirma su lugar
MACO
Entre el 26 y el 30 de abril, se celebró MACO, la feria de arte contemporáneo de la Ciudad de México. Para quienes hemos venido observando el nacimiento y crecimiento de esta feria, una cosa estaba clara para ésta, su tercera edición: la feria ha logrado consolidarse. Propiciando no sólo cientos y cientos de visitantes cada dí­a a las propias instalaciones de la feria - en un centro de exposiciones muy cerca del Centro Histórico de la Ciudad - sino provocando a su alrededor un sinnúmero de eventos culturales. Tan sólo el martes anterior a la inauguración de la feria, prácticamente todas las galerí­as de la Ciudad de México realizaron inauguraciones y dejaron sus puertas abiertas hasta altas horas de la noche, para dar el banderazo de salida a la semana cultural que ahora representa MACO. Estacionarte, una muestra de arte contemporáneo y conceptual organizada en ocho grandes cajas de camiones de carga, aparcados en un estacionamiento enfrente de la sede de MACO, confirmó la consolidación de la propia feria como evento cultural de referencia.
Seis pisos del llamado Expo Reforma, dieron lugar a ésta edición de MACO. La feria confirmó la presencia habitual de algunos galeristas establecidos de la Ciudad de México y de la Ciudad de Monterrey, a la vez que vio regresar a buena parte de las galerí­as y publicaciones extranjeras que han participado en la feria con anterioridad. En el área del más arriesgado y propositivo arte conceptual, quizá la participación más anticipada fue la de la galerí­a Kilchman Martí­n, resultado de la sociedad entre el galerista suizo Peter Kilchman y la mexicana Patricia Martí­n, anterior curadora de la famosa Colección Jumex. Kilchman Martí­n - que abrió sus puertas tan sólo unos dí­as antes de la inauguración de MACO - presentó obra de la artista mexicana Teresa Margolles; fotografí­as de gran formato de salas de cine antes de su derrumbe, acompañadas de notas de suicidas recopiladas por la artista. En esta visión necrófila del arte, un número de cajas de acrí­lico y sábanas utilizadas en la manipulación de cadáveres por parte del servicio forense, formaban también parte de la exposición. Otro de los lí­deres en el mercado del contemporáneo, la galerí­a mexicana Kurimanzutto, presentó un sobrio stand en obras en blanco y negro de diferentes artistas. Gabriel Orozco, una de las estrellas en la escena del arte conceptual a nivel internacional, estuvo presente en el stand de Kurimanzutto con cuatro obras. Dos dibujos en papel, una pieza escultórica de pequeño tamaño y una pintura en gran formato. Demí­an Ortega, presentó en este mismo stand una serie de dibujos en tinta.
Un piso más abajo, un relajado Enrique Guerrero comentaba en el stand la galerí­a que lleva su nombre: "el objetivo de la feria es que la gente en México compre y forme colecciones". Guerrero, al igual que algunos otras galeristas en México realiza cerca de diez ferias de arte a nivel internacional, de manera que ve en MACO la oportunidad para que el coleccionismo en México tome nuevas alturas. "De nada me sirve a mí­ que me compre un cliente español mí­o aquí­ en México, a ellos les vendo en ARCO. Lo importante es que más mexicanos comiencen a comprar más". Otra galerí­a mexicana de presencia internacional, Ramis Barquet (la única mexicana con dos espacios en Nueva York, además de su galerí­a original en la ciudad de Monterrey, al norte de México) estuvo presente con un gran stand. Como remate de su espacio en la feria colgaba una pieza de la serie El Sí­ndrome de Estocolmo del pintor mexicano Ví­ctor Rodrí­guez, radicado en Nueva York desde hace años. Rodrí­guez es sin duda uno de los pintores realistas más destacados de su generación. Otro pintor de impresionante factura, Daniel Lezama, estuvo presente en MACO a través de la galerí­a Drexel, también de Monterrey. Con escenas fantásticas que recogen el imaginario mexicano, Lezama presentó este año una pieza de gran formato, pero tuvo una presencia más modesta que el año pasado. También de Monterrey, la Galerí­a Emma Molina, tuvo una destacada presencia, presentando propuestas jóvenes en fotografí­a como Kenia Narez, a la vez que mostró obra del estupendo pintor abstracto mexicano Ricardo Mazal, y una joya de pieza de Leonora Carrington.
El colombiano Fernando Pradilla al frente de la galerí­a que lleva su nombre, volvió este año a MACO con una propuesta casi totalmente contemporánea, acompañado de la directora de la galerí­a Nelly Peñaranda. Atrás dejó Pradilla las obras de Fernando Botero y Aurora Cañero que trajo el año pasado, en parte según comenta el propio galerista, por la lentitud y alto costo de los procesos aduanales en México para mover este tipo de obra. Un comentario recurrente en la feria, del que ya los propios organizadores han tomado cuenta para hacer cabildeo y propuestas legislativas al respecto. Dentro del stand de Pradilla las obras de la fotógrafa Ambra Polidori destacaban por sus originales composiciones. Otro colombiano, Mauricio Quintana al frente de Quinta Galerí­a regresó este año después de haber tenido una de las participaciones más notorias del año pasado. Con una lí­nea centrada en pintura y escultura, Quinta presentó con éxito las obras del joven colombiano Nicolás Uribe, pintor que promete por su excelente factura a sus 30 años de edad. Sin embargo, la mayorí­a del stand de Quinta estaba dedicado a la obra del español Fernando Txillida, cuyas esculturas destacaban entre la muestra. En conjunto, el stand de Quinta representaba un merecido respiro de la saturada estética contemporánea que galerí­as de todas latitudes intentaban promover. Las galerí­as españolas tuvieron de nuevo una nutrida presencia. Alejandro Sales presentó y vendió bien la obra del abstracto Eduard Arbós, y también presentó un grupo reducido de piezas de estupenda calidad del argentino Estrada. La Caja Negra por su parte, presentó obra gráfica de Richard Serra y Antoni Tí pies. A la vez que la galerí­a de Luis Adelantado presentó a su establo habitual de artistas contemporáneos.