REVIEWS - ANDRÉS SERRANO

Walter Otero, San Juan

By Alvarez Lezama, Manuel
Curador
Puerto Rico
REVIEWS - ANDRÉS SERRANO
Lo que no ocurrió cuando Eric Fischl exhibió en Nueva York sus impactantes pinturas Sleepwalker (1979) y Bad Boy (1981), ocurrió cuando Robert Mapplethorpe y Andrés Serrano presentaron sus controvertibles fotografí­as. En el caso de Mapplethorpe, la exaltación del falo; en el caso de Serrano su Piss Christ (1987). Entonces, ambos artistas pusieron a prueba la definición de lo que es pornografí­a y los parámetros establecidos por el caso Miller de la Corte Suprema de los Estados Unidos (1973). Hoy, como todos sabemos, estas fotografí­as son "clásicos" que se exhiben en numerosos museos.
Y en Marzo del 2006 nos llega Serrano y su Piss Christ a Puerto Rico y la reacción ha sido muy interesante. Aunque puede ser un lugar maravilloso, Puerto Rico pudiera definirse como un experimento fenomenal donde, bajo una realidad colonial, convienen un tercermundismo bochornoso, un capitalismo brutal y una globalización incomprendida.
Además, Puerto Rico es una sociedad muy conservadora, y esto se refleja enormemente en el campo de las artes, donde predomina un amor a los discursos tradicionales, una mirada púdica ante el cuerpo, y una fascinante confusión ante las propuestas de la postmodernidad.
Por esta razones, la reciente exposición de fotografí­as de Andrés Serrano en la Galeria Walter Otero en San Juan fue un grato regalo y un gran reto para la comunidad puertorriqueña .Comunidad que convirtió la apertura de dicha exposición en un verdadero happening, una celebración de la trasgresión, a la cual asistieron mas de 200 personas que agradecieron poder ver por vez primera tanto el Piss Christ como obras mas recientes de Serrano. Y ¿Qué se puede decir sobre las más recientes fotografí­as de serrano? Que sus retratos, desde Semen and Blood (1990) hastaThe Klan: Klansman (Imperial Wizzard III) y América: Ken Cox (set designer) de principios de los 2000, capturan entes marginales, temidos. Rechazados, para convertirlos en "dioses" de un panteón subterráneo que nos fuerza a fijarnos con distintas luces en "el otro".