TANIA BRUGUERA

Las Dos Caras de la Luna
By Desnoes, Edmundo
TANIA BRUGUERA

PATRIA O MUERTE. VENCEREMOS. Una clásica consigna de la Revolución cubana resuena en la vibrante instalación de Tania Bruguera como: ARTE O MUERTE. SOBREVIVIREMOS.
Las consignas, tan caras a la ingenierí­a social del comunismo, tienen un hermano gemelo capitalista en los "sound bites" de la publicidad y aun en viejas frases recurrentes de ciertas empalagosas letras de canciones de mi juventud; por ejemplo, "All or nothing at all", "Todo o nada"; en el amor, la revolución o las compras no hay "medias tintas". Los slogans son absolutos que no se puede evitar repetir una y otra vez.
Las consignas, los slogans, las cantinelas, los jingles, los preceptos, los lemas son órdenes, penetrantes "sound bites" que no dejan espacio para maniobrar, que nos persiguen y se adhieren, se fijan a nuestro cerebro. I can't believe it's not butter (No puedo creer que no sea mantequilla) constituye un intento de subvertir nuestro gusto original; Hasta la victoria siempre nos transforma en un robot que marcha de fracaso en fracaso y aun así­ afirma su victoria. Los slogans son algo poderoso. Nos ciegan a la ambigüedad de la existencia.
No importa que "la historia sea palabrerí­a" en El mundo feliz o que "la historia me absolverá" en Cuba. Los slogans son sanguijuelas.
Tal vez todos los sistemas funcionan a través de consignas. Tal vez el percibir alternativas no sea bueno para los negocios. El mercado se ocupará de todo. Tal vez el dudar implique una amenaza para el Politburó. El partido sabe más que nadie. Actuar sin pensar es una dicha.
"Nuestra conciencia, así­, nos acobarda; y el natural matiz de nuestro brí­o, del pensar con sus pálidos reflejos se marchita", tal como lo descubrió Hamlet, "y así­ grandes empresas y de inmenso valer su curso tuercen y el distintivo pierden de su impulso"(1). Y sin embargo el arte subversivo se relaciona precisamente con la conciencia.
Tania Bruguera ha consagrado toda su energí­a creativa a dejar al descubierto las contradicciones, el significado oculto de la ciega acción y retórica revolucionaria. Y a este fin contribuyen los materiales que utiliza, ya se trate de la bandera cubana meticulosamente confeccionada con cabello humano o la imagen oficial de Fidel Castro proyectada súbitamente en un túnel oscuro a medida que nosotros, los que necesitamos su obra para ver mejor las cosas, caminamos, tropezando, sobre el bagazo, el residuo que queda de la caña de azúcar luego de extraí­do el zumo dulce de los tallos. Mediante el simple recurso de cambiar el entorno, la iluminación, Tania revela el verdadero contenido de la imagen oficial del poder patriarcal. Por su mera presencia, la imagen en sí­ es una orden: COMANDANTE EN JEFE: ORDENE.
Es verdad que solamente se vio el dí­a en que la exposición se inauguró en las entrañas de la Fortaleza de la Cabaña en La Habana, a pocos pasos del Castillo del Morro. Luego se ordenó su remoción. Pero ha quedado inscrita en la historia del arte en Cuba. Tania se cuidó de seleccionar solamente las imágenes oficiales y aprobadas de Fidel Castro -pero al modificar el entorno, rasgo su túnica y dejó al descubierto sus entrañas.
"No me interesa la elegancia de la forma", proclama Tania. Pero también descubre la verdadera estética de las imágenes, los sí­mbolos; entornos completos que damos por sentados. Una nueva realidad social requiere de una nueva estética. Tania llega al extremo de ofrecer el significado de su propio cuerpo desnudo, cubierto por la blanca inocencia de la lana de oveja. Y esta vestal de la Revolución cubana lleva una bandera de sangre.
Las consignas nos adormecen; son una forma de anestesia que impide el pensamiento independiente y los sentimientos. Uno debe recordar que el opuesto de la anestesia es la estética debido a la necesidad de percibir, de volver a los sentidos (y recobrar el juicio) que ésta genera.
La luz y el sonido son elementos esenciales en las expresivas instalaciones de Tania Bruguera. En Alemania, la artista utilizó la luz para representar la verdad que todos nos rehusamos a ver aunque brille delante de nuestros ojos. Y sin emplear ninguno de los objetos y sí­mbolos tradicionales del Holocausto, Tania recreó el horror simplemente reproduciendo el sonido de las armas que se cargan y se preparan para disparar una y otra vez. La aterradora eternidad mientras se escucha el amartillar de las armas; el momento más peligroso; el instante interminable que precede a la muerte. Luz, sonido, oscuridad.
Las consignas se desentrañan de esta manera igualmente alucinante: arrancándonos de lo cotidiano y arrojándonos en una pesadilla. El arte se relaciona con la belleza subversiva. Las instalaciones de Tania se introducen violentamente en la obstinada retórica de las consignas. Si bien es cierto que una consigna es un absoluto que se apodera de nuestra conciencia crí­tica, también es cierto que tenemos la prerrogativa de responder, negándonos a transitar un camino de mano única.
Recuerdo un slogan lanzado en 1968 con el objeto de alentar a las personas a perseverar en la lucha por un futuro más prometedor. Marcaba el aniversario, el centenario de la primera guerra por la independencia de Cuba de 1868. "Cien años de lucha", y por lo tanto debí­amos persistir, sintiéndonos orgullosos de la tradición. Pero la gente no podí­a aceptar que pasado un siglo aún fuera necesario luchar y sacrificarse; necesitaba un respiro. "No cojas lucha", no trabes combate, tómate un descanso de tanto sacrificio implacable, fue la reacción popular ante la presión para continuar la lucha contra circunstancias insuperables.
Algo puede decirse del arte en una sociedad socialista. El Gobierno lo toma en serio; la dirigencia recibe a las metáforas de la pintura y la literatura como un desafí­o y una amenaza. Es todo lo contrario a lo que sucede en una sociedad abierta, donde los artistas son bufones de la corte que entretienen a los ciudadanos con comentarios burlones generalmente ignorados. Uno protesta, se desahoga, pero aun así­ todo continúa igual. En el socialismo, uno siempre corre peligro de ser reprimido, denunciado. Y uno se siente importante porque el régimen lo toma en serio. La libertad constituye el aire que respira el artista —pero también es importante ser tomado en serio. Tomo a Tania Bruguera en serio, y tomo muy en serio a sus cantos de sirena. Creo que Tania, como artista, no está destruyendo sino rescatando la atmósfera viva, la luz cegadora, el mismí­simo aire que respiramos en una revolución radical; descubriendo, de hecho, los sueños imposibles de la Revolución cubana.
Durante la zafra de los diez millones, la cosecha de caña de azúcar de 1970, cuando el gobierno propuso el logro de una cosecha extraordinaria de diez millones de toneladas de azúcar, el paí­s se esforzó pero apenas pudo alcanzar los siete millones de toneladas habiendo cosechado hasta el último tallo de caña de azúcar productivo. Fue un fracaso, pero la semana posterior al anuncio del fracaso, una consigna golpeó a la isla: convertir el revés en victoria; la gente debí­a transformar la derrota en un triunfo. La "v" de revés resaltaba del texto y se convertí­a en una enorme "V" de victoria.
Yo dirí­a que una fiesta de esta naturaleza sólo es posible en el reino del arte, en el reino que le permitió a Don Quijote arremeter con su humanidad contra un mundo cruel. Eso es lo que ha hecho Tania Bruguera con las muchas derrotas de la Revolución; ha transformado el revés en victoria; ha convertido las derrotas de nuestra isla en victorias artí­sticas.

(1) "Hamlet", de William Shakespeare. Acto III, Escena 1. Traducción de Guillermo Macpherson
(*) "Hijo de la novela y el cine, es autor de Memorias del subdesarrollo. Vive convencido de que el arte es la escurridiza realidad. Acaba de garabatear las paginas finales de Memorias del desarrollo, la segunda parte de su novela autobiografica."

Tania Bruguera nació en La Habana en 1968. Entre 1980 y 1983 estudió en la Escuela Elemental de Artes Plásticas 20 de Octubre, y entre 1983 y 1986 en la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro (allí­ presentó como tesis de graduación "Marilyn is alive", un proyecto en el cual reflexionaba sobre el mito, sobre la idea de la mujer y el lugar que debí­a ocupar la belleza). Finalmente, entre 1987 y 1992, completó su formación en el Instituto Superior de Arte, todo en la capital cubana. Desde 1992 ha expuesto individualmente sus performances y trabajos en La Habana, Chicago, Guatemala, Amberes, Nueva York, San Francisco, Salamanca, Barcelona, Bonn, Helsinki, Atenas, Francfort y Málaga, entre otras ciudades. Participó en la feria Documenta de Kassel (2002), en la III Bienal de Lima (2002), la VIII Bienal de Estambul (2003), además de presentar su obra en las bienales de La Habana, San Pablo, Johannesburgo y Maracaibo. Es representada por Galerí­a Habana, en Cuba; por la Galerí­a Rhona Hoffman de Chicago, en EE UU; y por la Galerí­a Juana De Aizpuru en Madrid, España.