51 BIENAL DE VENECIA

Arte para ver, disfrutar, descartar
By Verlichak, Victoria
51 BIENAL DE VENECIA
Arte, poder y polí­tica en la 51ª Bienal de Venecia 2005, confirman que la siempre interesante muestra constituye una categorí­a en sí­ misma por la magnitud de su oferta visual y por tener como sede a esta incomparable ciudad (mucho más que un concepto geográfico). La Bienal y los enví­os nacionales, así­ como otras exhibiciones asociadas, también derraman las pistas visuales de la contemporaneidad en palacios e iglesias, "obligando" al espectador a toparse con los magní­ficos tesoros culturales de la fascinante y decadente Venecia.
Esta edición de la Bienal, que por primera vez en sus 110 años de historia tiene directoras mujeres, resulta prolija y tranquila. Las curadoras españolas Rosa Martí­nez y Marí­a Corral desarrollan dos muestras autónomas con consagrados y emergentes en los espacios de la Bienal: el Arsenale y el Pabellón Italia de los Giardini; jardines donde también se encuentran alrededor de 30 pabellones con representaciones nacionales.
Entre las muestras oficiales y las colaterales, en total y en simultaneidad, se despliegan actualmente en Venecia 117 exhibiciones con 425 artistas, entre los que se encuentran varios artistas provenientes de Latinoamérica.
En "La experiencia del arte", Corral desea volver a vincular al arte con el placer y la emoción y para ello invita a 42 artistas de distintas generaciones, sin distinciones geográficas. En la "Constelación de artistas", exhibidos en el Pabellón Italia, presenta a Tania Bruguera (Cuba, 1968) con una neutra obra realizada con cientos de saquitos de té; a Gabriel Orozco (México, 1962) con una pinturas decepcionantes y a Cildo Meireles (Brasil, 1948), con una obra que vuelve a confirmar su maestrí­a con la lí­nea. Además, se pueden apreciar las construcciones insólitas de José Damasceno (Brasil, 1968), la contundente instalación -"Still Song"- de Jorge Macchi (Argentina, 1963) y la atrapante "La ventana", la instalación/video de Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973).
Por su parte, la otra muestra oficial curada por Martí­nez en el Arsenale, "Siempre un poco más lejos", tiene un (¿tardí­o?) barniz feminista y de corrección polí­tica. Entre los 43 artistas seleccionados figuran Marí­a Teresa Hincapié (Colombia, 1954) con una instalación y performance que tiene un punto de conexión con la de Carlos Garaicoa (Cuba, 1967), en cuanto a la cuestión de la percepción y la ubicación fí­sica del espectador. Asimismo, Valeska Soares (Brasil, 1957) reflexiona en una festiva instalación sobre la relación entre la arquitectura y los cuerpos que la habitan y Rivane Neuenschwander (Brasil, 1967) invita a los espectadores a escribir cartas con una máquinas de escribir que lejos de comunicar, incomunican.
En tanto, Sergio Vega (Argentina, 1959) alerta en su imaginativa y compleja instalación contra las consecuencias del calentamiento global y Guillermo Calzadilla (Cuba, 1971), invitado junto a Jennifer Allora, ofrece un video con inquietudes ecológicas y una escultura de barro desde donde informa con un silbato acerca de las injusticias que se cometen, Diango Hernández (Cuba, 1970) propone en su instalación consideraciones en torno al desarrollo desigual del sur y el norte.
Por su parte, la guatemalteca Regina José Galindo (Guatemala, 1974) ofrece, también el Arsenale, una despareja obra en cuatro segmentos, que clama por la violencia contra las mujeres. Mientras que la performance "¿Quién puede borrar las huellas?" resulta conmocionante, ya que la artista camina descalza con sus pies llenos de sangre por las calles del centro histórico de la ciudad de Guatemala protestando por la presencia de militares asesinos en la polí­tica de su paí­s, el video con la reconstrucción de su himen resulta un gesto ¿inútil? El tono de la obra de Galindo -que recibió el premio al artista joven en esta Bienal- tiene algo de mesiánico, especialmente cuando se hace azotar tantas veces cuántas mujeres son golpeadas en su paí­s.
En cuanto a los enví­os nacionales situados en los Giardini, Brasil ofrece una instalación sonora del grupo Chelpa Ferro y fotografí­as de Caio Reisewitz (n.1967) que reflejan los sitios del poder. Las obras del diseñador gráfico Santiago Pol (España, 1946) representan a Venezuela y la í­ntima instalación de Lacy Duarte -que necesita más tiempo de contemplación y reflexión que el paseante de la Bienal está dispuesto a otorgar- ocupa el pabellón de Uruguay.
El enví­o de la Argentina sorprende y conmueve. "La ascensión" es una instalación visual y sonora que Jorge Macchi realizó, en colaboración con el compositor Edgardo Rudnitzky (Buenos Aires, 1956), con la curadurí­a de Adriana Rosenberg. La pieza central de la obra, junto a la ineludible música de Rudnitzky, es una cama elástica que reproduce en espejo la exacta forma y medida del fresco barroco del techo (con la Asunción de Marí­a) del Antiguo Oratorio de San Fillippo Neri, que contó con la performance de un gimnasta en la inauguración. Abierta a cualquier tipo de asociación mental, "La ascensión" descubrirá en cada espectador insospechables derivaciones ¿mí­sticas, metafí­sicas?
La Bienal ofrece una enorme cantidad de obras en video (tan popular, accesible y democrático como la fotografí­a a partir de los setenta), en donde predomina el idioma inglés (no hay nada traducido al italiano). A este fenómeno no escapan algunas de las obras (en castellano) exhibidas en el Pabellón del Instituto Italo-Latino Americano, en donde se reúnen los enví­os de varios paí­ses que no poseen o no han alquilado sitios propios. Allí­, en el Palazzo Cavalli Franchetti, la curadora Irma Arestizábal presenta "La trama y la urdimbre" con 16 artistas de 12 paí­ses: Joaquí­n Sánchez y Guiomar Mesa (Bolivia), Gonzalo Dí­az (Chile), Juan Manuel Echavarrí­a, Oswaldo Maciá y Oscar Muñoz (Colombia), Cecilia Paredes y Jaime David Tischler (Costa Rica), Los Carpinteros (Cuba), Luis Paredes (El Salvador), Luis González Palma (Guatemala), Maxence Denis (Haiti), Donna Conlon (Panamá), Mónica González (Paraguay), Luz Marí­a Bedoya (Perú), Polibio Dí­az (Republica Dominicana), con la contribución del Centro Cultural del BID.
Dentro del desparejo pero interesante conjunto presentado por el ILA, sobresalen tanto el inolvidable video "Bocas de ceniza" de Juan Manuel Echavarrí­a (Colombia, 1947), que capta a los desplazados por la violencia de su paí­s cantando sus desgracias y expresando su milagrosa resistencia, como las fotos que registran las notables mutaciones del cuerpo de Cecilia Paredes (n. Perú) transformado en pájaro, serpiente, gárgola. Gracia e ingenio en los trabajos del grupo cubano Los Carpinteros, que transitan lo insólito y lo cotidiano.