DE COLECCIONES Y COLECCIONISTAS

Entrevista con el Dr. Arturo F. Mosquera
By Fontana, Lilia
DE COLECCIONES Y COLECCIONISTAS

Lilia Fontana: ¿Cómo comenzó a coleccionar? ¿Qué lo indujo a convertirse en coleccionista de arte?

Arturo Mosquera: Bueno, en realidad se podrí­a decir que he sido coleccionista desde que era niño. Mis primeras colecciones fueron tarjetas de baseball y revistas de historietas. Pero el coleccionar arte ha sido un proceso de toda una vida. Podrí­a decirse que comenzó con mis visitas al estudio de mi tí­o Tiburcio Lorenzo en Pinar del Rí­o. Siempre me fascinaron sus habilidades y me cautivaban los distintos olores que habí­a en el estudio. También estudié Humanidades y seguí­ cursos de historia del arte en la escuela, y esto desató mi curiosidad.

LF: ¿Quiénes fueron las personas que lo motivaron o lo ayudaron a dar los primeros pasos hacia el coleccionismo de arte?

AM: Durante la década de 1980, me acerqué a las sociedades de odontologí­a y ortodoncia. Un colega de Miami insistí­a en que los dentistas tendrí­an que tener un mayor compromiso con la comunidad artí­stica. Me sugirió que me pusiera en contacto con el poeta y crí­tico de arte Ricardo Pau-Llosa. Resultó ser que Ricardo y yo habí­amos asistido a la misma escuela secundaria y éramos amigos. Lo llamé por teléfono, y durante los primeros cinco años su contribución fue fundamental para el desarrollo de la colección. Durante ese tiempo, mi esposa Liza y yo no compramos nada sin consultar con Ricardo. Nos llevó a muchí­simos estudios de artistas y galerí­as; y comenzamos nuestro proceso educativo para interiorizarnos del mundo del arte. Como consecuencia de ello, nos relacionamos con los artistas y nos interesamos en una forma más personal en algunos de ellos, estableciendo algunas amistades duraderas, especialmente en el caso de los artistas residentes en Miami. También viajamos al exterior, y cada vez que lo hicimos visitamos estudios de artistas dondequiera que estuviésemos. Por supuesto que también visitamos galerí­as y museos. Todo ello ha contribuido a nuestra educación artí­stica y a familiarizarnos con las tendencias actuales.

LF: ¿En qué año comenzaron usted y su esposa a coleccionar arte?

AM: Comenzamos en 1989.

LF: Hoy en dí­a, cuando compra arte, ¿cómo selecciona lo que compra?

AM: Cuando compramos arte hoy en dí­a, basamos nuestra elección en la trayectoria del artista, así­ como en su estilo innovador y sus cualidades estéticas.

LF: ¿Cuál fue la primera pieza que adquirieron? ¿Por qué la compraron y dónde?

AM: La primera pieza que compramos fue una obra de Rafael Soriano. Ricardo nos llevó al atelier de Soriano en 1989 y se la compramos directamente al artista, es una pintura maravillosa del maestro cubano. La segunda fue una obra estupenda de Julio Antonio que adquirimos en la Galerí­a Opus y la tercera fue una obra de 1956 de Agustí­n Fernández que le compramos en forma directa al artista en Nueva York. Esa obra participó en la Bienal de San Pablo. Es parte de la misma serie que está representada en la colección del MoMA de Nueva York.

LF: Entiendo que su colección abarca un amplio espectro que va desde los grandes maestros latinoamericanos hasta las nuevas generaciones de artistas residentes en Miami y América Latina. ¿Cómo definirí­a usted su colección? ¿Hay algún tema central? ¿Podrí­a nombrar a algunos de los artistas que la integran?

AM: La colección se centra en mi herencia cubana, y mi esposa es salvadoreña, así­ que también existe un fuerte énfasis en lo latinoamericano. Nuestras raí­ces latinoamericanas han determinado nuestro interés, aunque la mayor parte de los artistas que integran la colección son cubanos, residentes fuera de la isla. La decisión original de coleccionar arte no contemplaba como objetivo exclusivo coleccionar arte cubano. Se trataba más bien de desarrollar una colección de arte latinoamericano. Pero no necesariamente por elección se convirtió en una colección de obras post década de 1950. Comprende una amplia variedad de obras que van desde el ví­deo hasta obras en papel, fotografí­as, esculturas, instalaciones y por supuesto, pinturas. Al principio nos centramos más en los grandes maestros, pero ahora estamos privilegiando a los artistas residentes en Miami o que tienen algún tipo de nexo con esa ciudad. Hemos tomado conciencia, a través de nuestras visitas a otras partes del mundo, de que algo muy especial se está desarrollando en Miami en términos de arte creativo. Para poder nombrar a algunos artistas, deberí­a categorizarlos, puesto que nuestra colección se puede dividir por paí­ses, y en el caso de Cuba, se divide de acuerdo a las diferentes generaciones. Por ejemplo, la colección incluye obras de artistas de segunda y tercera generación, tales como Jorge Camacho, Baruj Salinas, Guy Garcí­a y Eduardo Michelsen. En cuanto a artistas cubanos contemporáneos, contamos con obras de Alejandro Aguilera, Segundo Planes, Gory, Consuelo Castañeda, Ruben Torres-Llorca, Heriberto Mora, Jorge Pantoja, Frank Leon, Humberto Castro, José Bedia, Liliam Cuenca, Florencio Gelabert, Glexis Novoa, Adriano Buergo, Ana Albertina Delgado y Pedro Vizcaino. Los artistas cubano-americanos están representados en las obras de Luis Cruz Azaceta, Luisa Basnuevo, Silvia Lizama, Ivan Toth Depena Maria Martí­nez-Cañas, Connie Lloveras, Paul Sierra, Mario Petrirena, Beatriz Monteavaro, Mario Algaze, Elizabeth Cerejido, Lydia Rubio, Luis Gispert y Hernán Bas. Luego tenemos obras de Graciela Sacco, Karina Chechik, Miguel Angel Giovanetti, Alicia Carletti, Miguel Roncino, Jorge Alvaro, Pablo Soria y Sebastián Spreng, de Argentina; Eduoard Duval Carrie, Vickie Pierre y Adler Gurrier de Haití­; Charo Oquet de República Dominicana; Moico Yaker y William Cordova de Perú; Eugenia Vargas Pereira de Chile, y Odalys Valdivieso y Natalia Benedetti de Venezuela; Marepe, Fernanda Gomes, Valeska Soares, Franklin Cassaro y Adriana Varejao de Brasil; Arnaldo Roche-Rabell y Nina Ferre de Puerto Rico; Laura Anderson Barbata, Cisco Gimenez y Pepe Mar de Mexico; Juan José Molina y Jim Amaral de Colombia. Esta es solo una pequeña fracción de los artistas representados, ya que contamos con más de 500 obras.

LF: ¿Qué maestros latinoamericanos están incluidos en su colección?

AM: Bueno, por ejemplo, los que me vienen a la mente son José Luis Cuevas, con su obra titulada La infancia de Mae West, de 1957, y también contamos con obras importantes de Eduardo Ramí­rez Villamizar , Guido Llinas, Vivian Scheihing, Vicente Pimentel, Maria Brito, Carlos Alfonso, Enrique Castro Cid y Luisa Richter.

LF: ¿Puede nombrar a algunos de los artistas más importantes que integran su colección? ¿A cuáles de ellos ha llegado a conocer mejor o cuáles lo han conmovido más profundamente?

AM: Encuentro estas preguntas difí­ciles de responder. Consideramos igualmente importantes a todos los artistas cuyas obras adquirimos y todos ellos nos han conmovido a mí­ y a mi esposa de una manera u otra, por eso compramos sus obras.

LF: Dejando de lado su pasión por el coleccionismo, sé que su consultorio odontológico es algo así­ como un paraí­so cultural para sus pacientes. En cierto modo, ha abierto una puerta en los suburbios para que la comunidad pueda ver obras de arte a las que normalmente no tiene acceso. ¿Puede darnos más detalles de lo que lleva a cabo en su lugar de trabajo?

AM: Hace ya tiempo, mi esposa y yo establecimos un sistema de rotación anual de nuestra colección de arte entre nuestra casa y nuestro lugar de trabajo, y desde 1999 ampliamos esta idea y les cedimos a los artistas el área del vestí­bulo para que pudieran exponer sus obras. En la actualidad ofrecemos cuatro exposiciones diferentes por año. Hemos sacado la cuenta de que recibimos a algo más de treinta mil pacientes y visitantes en nuestros consultorios. Llamamos a nuestro espacio Art@Work. Creo que lo que hemos hecho en nuestros consultorios es proporcionar un espacio donde un segmento de la población que no está ligada al arte ni a instituciones culturales pueda tener acceso al mundo del arte. A diario somos testigos de la reacción que nuestras exposiciones producen en niños, adolescentes y adultos.