Roberto Juárez

El sentido de lugar de Roberto Juárez
By Clearwater, Bonnie
Roberto Juárez

Este lugar y tiempo requiere de muchos lugares y tiempos que se manifiesten en un cuadro que no podrí­a haber sido pintado en ningún otro sitio.

Roberto Juárez

Muchos lugares, muchos tiempos se entremezclan en la obra de Roberto Juárez. A tal punto su vida forma parte de su obra que cada nueva serie de trabajos introduce temas, estilos y motivos que parecen diferir radicalmente de los anteriores. Hijo de padre mexicano y madre portorriqueña, Juárez nació en Chicago en 1952. El mismo artista considera su traslado a San Francisco en 1973, para estudiar en el Instituto de Arte de San Francisco, como el principio de su carrera. En 1989 se mudó a Nueva York, y en diciembre de 1980 presentó su primera muestra individual en la galerí­a Robert Miller, participando en febrero de 1981 en la exposición New Wave New York (Nueva York nueva ola), que tuvo lugar en P.S. 1. Sus pinturas de este perí­odo son expresionistas y combinan figuras, frutas y vegetales en composiciones separadas, tales como Lima, 1986.

Desde 1988 hasta fines de la década de 1990, Juárez pasarí­a los inviernos y los veranos en Miami, regresando a Nueva York en otoño y primavera. Las primeras obras que pintó en Miami tendí­an a ser conceptuales en su contenido, minimalistas en su forma, monocromáticas y abstractas. Le tomó unos cuantos años asimilar sus experiencias de Miami. De regreso en su atelier de Nueva York, comenzó a pintar imágenes basadas en las postales tí­picas de Miami Beach.

A principios de los años 90, Nueva York se estaba convirtiendo en una ciudad cada vez más desolada para Juárez, ya que muchos de sus amigos padecí­an de SIDA y fallecí­an a causa de la enfermedad. Miami le proporcionaba un respiro de las penas que experimentaba en Nueva York. Su estudio con techo estilo catedral, en Miami Beach, le permití­a pintar telas altas y alargadas. Allí­ pintó cinco cuadros de gran formato para la serie They Entered the Road (Se adentraron en el camino), 1995, cada uno de ellos dedicado a una persona amada y perdida. Estas telas fueron ejecutadas en memoria de cinco personas que habí­a perdido y que no querí­a olvidar.

En 1996 Juárez se hizo acreedor a una beca que le permitió estudiar durante un año en la Academia Americana en Roma. En esa ciudad, el artista visitó con frecuencia la Biblioteca Vaticana para estudiar manuscritos iluminados de la Edad Media. En uno de estos manuscritos vio una ilustración de la raí­z de mandrágora, de la que se creí­a que poseí­a poderes mágicos porque semejaba la forma humana. Le atrajo esta imagen porque le recordó las pinturas de Diego Rivera de rábanos que parecí­an rojizas personas desnudas. Juárez consideraba que estas pinturas de Rivera representaban un surrealismo estilo mexicano cultivado en casa .

La mandrágora le proporcionó una imagen alegórica y un medio para abordar el cuerpo humano en una escala que no dominara la composición. La forma en que Juárez introdujo la ilustración de la mandrágora vista en Roma revela la importancia de un sentido de lugar en sus pinturas. El uso que hizo de esta imagen en su obra combinó un motivo propio de la época medieval encontrado en Roma con su recuerdo de las pinturas de Diego Rivera, que asociaba con su herencia mexicana. También resolvió cuestiones formales en sus pinturas que respondí­an a la tradición del arte moderno.

La visión de los frescos en las paredes de las capillas de Así­s y las ruinas de las villas de Pompeya despertó en él un deseo de pintar en un estilo ´seco´. En su cuadro Will/Leaves, 1997, Juárez llevó al extremo las cualidades más toscas de su pintura, dotándola de una hermosa fealdad con efecto. Pintado mayormente en amarillo, con áreas en marrón y rojo ladrillo y un ramaje de hojas verdes que caen, este cuadro transmite la sensación de caminar por las calles de Roma sintiendo los antiguos muros.

En 1999, Juárez se habí­a instalado en un estudio nuevo en el Times Square de Nueva York, en el piso 39 de una torre de oficinas. Desde esa altura podí­a ver los elegantes rascacielos antiguos y las urbanizaciones fuera de control que estaban ahogando al viejo Times Square. Captó esta sensación de cambio en nuevas abstracciones geométricas.

La cerámica precolombina, en particular la Anasazi, fue la fuente de inspiración de las recientes pinturas neoyorquinas y su abstracción geométrica. Estos diseños lo ayudaron a alejarse de las formas vegetales que dominaron sus pinturas de la década de los 90. La geometrí­a Anasazi, progresiva y sistemática, imita patrones de crecimiento orgánico y, en consecuencia, no indica una ruptura definitiva con la naturaleza. Cuadros tales como Times Square Tiles, 2000, se basan en diseños de cerámicas Anasazi precolombinas.

El año pasado, Juárez compró su primer estudio fuera de Nueva York, en la pequeña ciudad de Canaan, Nueva York. En Canaan, se ha sumergido en el paisaje de bosques, arroyos y cascadas. Ha comenzado a hacer algunos dibujos y lo entusiasma la idea de poder pintar en un lugar que no sea Nueva York. Sin duda las pinturas de Juárez seguirán cambiando a medida que se establece en su nuevo estudio. Juárez resume su sentido de lugar de la siguiente manera: Este lugar y tiempo requiere de muchos lugares y tiempos que se manifiesten en un cuadro que no podrí­a haber sido pintado en ningún otro sitio.