COLECCIONISMO

Patricia Phelps de Cisneros
COLECCIONISMO

El crecimiento y la consideración creciente del arte latinoamericano mucho le debe al coleccionismo. Gracias a los coleccionistas que se han especializado en reunir obras de artistas latinoamericanos contemporáneos, el mercado de arte se está desarrollando con gran empuje y celeridad.

Por todo el continente hallamos coleccionistas, por lo general jóvenes y de mediana edad que centran su interés en los artistas de América Latina. Es, probablemente una cuestión de idiosincracia, que halla en ellos una manifestación de identidades compartidas. Es como si se sintieran reflejados y expresados por esos artistas, considerados astillas de un mismo palo, con creencias, sí­mbolos y percepciones compartidas.

Para los creadores constituye un verdadero estí­mulo, al saberse reconocidos por un público propio. Como este coleccionismo se extiende cada dí­a más, da lugar a un crecimiento acelerado del mercado de arte latinoamericano.
El testimonio directo de algunos de estos coleccionistas lo hallamos en las páginas que siguen.

¿Qué lo motiva a Ud. a coleccionar arte latinoamericano?

Ante todo, habrí­a que entender el coleccionismo como un proceso vivo, como parte de nuestra propia vida. La Colección nace lentamente, como un proceso personal e incluso familiar de contacto ?y de placer? con las obras que me han interesado. Como todo proceso tiene pues momentos diferentes, tiene sus fases y sus puntos de ruptura. Yo dirí­a que, en un primer momento, comencé adquiriendo aquellas obras que deseaba ver en las paredes de mi casa, aquellas imágenes con las que sentí­a la necesidad de rodearme, que me gustaban. Nunca imaginé, al adquirir la primera pieza, que estaba iniciando una colección.

Pero resulta que lo que hace fascinante a la obra de arte es que el placer que ella procura no es algo que puedas aprehender de una vez por todas. Quiero decir que una obra, una obra densa se entiende, establece un diálogo silencioso contigo mismo, que te da y te exige, te produce placer y te interpela constantemente en tus gustos, en la noción que tienes de la historia, de lo que es importante o no. Y no sólo dialoga contigo, sino con su entorno inmediato. Una obra llama a la otra, la rechaza o la interpela. Creo que ese rico diálogo me fue llevando de una obra a la otra, casi sin darme cuenta, hasta que llegó desde afuera, es decir, de los otros, la idea de que yo estaba formando una colección.

Ahora, claro, una obra de arte te interpela en lo que tienes de más í­ntimo, y por supuesto a mí­ me interpela como latinoamericana, de manera que coleccionar arte latinoamericano surgió como resultado normal de un contacto personal con las obras que se me hací­an necesarias.

Hoy por hoy la Colección es un aporte concreto a la proyección de la riqueza cultural de nuestro continente, al enfocar sus esfuerzos en múltiples iniciativas educativas, todas ellas basadas en la firme convicción de que la libertad de pensamiento es un cimiento esencial para el fortalecimiento de las sociedades democráticas.

¿Bajo qué criterio armó su colección?

Los criterios han ido cambiando con el tiempo y las circunstancias, pero podrí­amos decir que, de una manera general, siempre ha prevalecido en mí­ la voluntad de demostrar que la América Latina era mucho más que ese estereotipo reductor al que siempre nos asocian. Que si bien es cierto que existe un arte exótico y florido, de un "surrealismo anecdótico", a menudo politizado, o de protesta, no es menos cierto que existe también un arte lleno de entusiasmo creativo, un arte que ha respondido a inquietudes que tienen que ver con nuestra inserción en un universo mucho más amplio y universal. Y es por eso que me he interesado particularmente ?pero no exclusivamente- por el universo de la abstracción geométrica latinoamericana, un universo donde podemos encontrar artistas de un admirable rigor formal, como los cinéticos venezolanos, los concretos argentinos o brasileños, y otros que han concebido la obra como una experiencia vital, de introspección psí­quica y polí­tica, como es el caso de Lygia Clark, por ejemplo.