COLECCIONISMO

Marcelo Narbona
El crecimiento y la consideración creciente del arte latinoamericano mucho le debe al coleccionismo. Gracias a los coleccionistas que se han especializado en reunir obras de artistas latinoamericanos contemporáneos, el mercado de arte se está desarrollando con gran empuje y celeridad.
Aquí­, el testimonio directo de uno de estos coleccionistas.
COLECCIONISMO

El crecimiento y la consideración creciente del arte latinoamericano mucho le debe al coleccionismo. Gracias a los coleccionistas que se han especializado en reunir obras de artistas latinoamericanos contemporáneos, el mercado de arte se está desarrollando con gran empuje y celeridad.

Por todo el continente hallamos coleccionistas, por lo general jóvenes y de mediana edad que centran sus interés en los artistas de América Latina. Es, probablemente una cuestión de idiosincracia, que halla en ellos una manifestación de identidades compartidas. Es como si se sintieran reflejados y expresados por esos artistas, considerados astillas de un mismo palo, con creencias, sí­mbolos y percepciones compartidas.

Para los creadores constituye un verdadero estí­mulo, al saberse reconocidos por un público propio. Como este coleccionismo se extiende cada dí­a más, da lugar a un crecimiento acelerado del mercado de arte latinoamericano.
Aquí­, el testimonio directo de uno de estos coleccionistas.

¿Qué lo motiva a Ud. a coleccionar arte latinoamericano?

Hace 40 años compré mi primer cuadro, un óleo del artista argentino Juan Carlos Marcos.

Entonces no sabí­a que llegarí­a a ser un coleccionista de arte y menos que existí­a un ?Arte Latinoamericano?. De lo que sí­ estaba seguro es de que era un enamorado del arte de la pintura.

En los siguientes 15 años seguí­ adquiriendo arte y casi en forma exclusiva de artistas panameños.

Para mí­, éste era ?mi mundo?, en el que se nutrí­a y crecí­a mi amor al arte. A finales de la década de los 70 e inicios de los 80, surgen varios hechos que abren mi panorama hacia el arte latinoamericano: Carmen Alemán abre una nueva galerí­a en Panamá y presenta excelentes artistas latinoamericanos; se lleva a cabo la Bienal de Centroamérica y el Caribe, la cual gana Elmar Rojas; se inician las subastas de Sotheby?s y Christie?s en Nueva York; se otorga el Premio Cristóbal Colón a nivel iberoamericano y lo gana Elmar Rojas conjuntamente con un pintor español y se acentúa la influencia del arte latinoamericano con la ?aparición? de Jacobo Karpio.

La motivación de coleccionar arte latinoamericano se inicia, en sí­ntesis, a partir del año 1980, luego de confirmar la extraordinaria calidad de obras tanto de los maestros ya consagrados como de los nuevos valores que empiezan a surgir; el fácil acceso y proximidad a la información a escala latinoamericana, los precios de las obras y como un hecho muy importante para mí­, de definir un marco de referencia para el control y calidad de la colección.

¿Bajo qué criterio armó su colección?

Sin darme cuenta, aun antes de pensar en una colección, ya mi criterio estaba definido: adquirir obras de artistas emergentes. Desde el principio preferí­a comprar una obra grande de Kuitca y Marcaccio en $5,000 dólares cada una que un pequeño dibujo en papel de Botero en $10,000.

La razón es muy sencilla; el Botero que me hubiera interesado para mi colección es ?La Familia?, que hoy vale más de un millón de dólares, o sea que Botero y los grandes maestros latinoamericanos nunca formarán parte de mi colección.

Con mayor experiencia, en los últimos 15 años he adquirido obras de artistas que se inician, pero de aquellos que lo hacen con galeristas de reconocida solvencia profesional y que se dedican exclusivamente a presentar arte latinoamericano.

Mi criterio es que si el artista es aceptado por una de esas galerí­as de experiencia, me está dando un sello de que es bueno y con esto me aseguro de que mi colección se enriquece en calidad, independientemente de que no escale precios que luego serí­an para mi prohibitivos. Valoro la colección por su contribución cultural al arte y no por su futuro valor comercial.