Extractos de texto de Rodrigo Alonso
Las pinturas de Waissman encarnan un discurso agónico, una narrativa de conflictos y contiendas que son al mismo tiempo relatos de esfuerzo y compromiso. A través de aquél, el autor asume una perspectiva concreta en relación al mundo que retrata; sus pinturas no son meras crónicas de acontecimientos ficticios, sino un verdadero posicionamiento frente al mundo contemporáneo expresado en el lenguaje de las imágenes plásticas.
En una conocida entrevista, Claude Lévy-Strauss señaló cómo el impresionismo fue testigo de un universo que desaparecía, la expresión de una vida sepultada en el crecimiento de las ciudades y en la violenta transformación de la experiencia urbana. El posicionamiento de Waissman es, quizás, el opuesto. Antes que un universo en desaparición, Waissman plasma un mundo que aparece, situaciones cada vez más presentes e ineludibles que exigen la reflexión y la mirada. Su pintura no es complaciente ni evasiva; es, por el contrario, urgente...
Es altamente significativo que el artista haya comenzado a trabajar con las multitudes poco tiempo antes que el concepto de multitud sea uno de los más vitales y ricos en la teoría política contemporánea. En contraposición a la idea de masa, que describe a un conjunto de seres indiferenciados caracterizados por su generalidad y anonimato, el concepto de multitud se refiere a un grupo humano en el que se mantienen las diferencias y particularidades de los miembros que lo componen. La multitud no niega al individuo; articula su capacidad de acción de una manera singular, propiciando la actividad conjunta a pesar de las diferencias individuales. El concepto ha adquirido una importancia capital en el pensamiento político actual porque permite pensar la posibilidad de una acción política y de transformaciones sociales radicales sin la exigencia de un sujeto político unificado que comparta una única ideología. Esta perspectiva refuerza los argumentos contra la indiferencia y el anonimato en las multitudes de Waissman. Su permanente voluntad de movimiento y cambio les confiere un rol activo frente al entorno que las rodea. Es importante recalcar también que frente a los conflictos del mundo actual, Waissman ensaya una respuesta colectiva, comunitaria, recuperando una instancia política frecuentemente elidida en los discursos de la postmodernidad. En el mismo sentido podría comprenderse su evocación de la historia, la memoria, el relato literario o poético...
...En "La Lógica Cultural del Capitalismo Tardío", Fredric Jameson plantea la necesidad de lo que él denomina "mapas cognitivos", elementos capaces de ofrecer orientación en el paisaje violentamente reconfigurado de las ciudades postindustriales. Esos mapas no son simplemente un instrumento para ubicar un determinado sitio geográfico, sino fundamentalmente, una guía para situarse subjetivamente en la complejidad de la trama urbana actual. Se trata de un mapa propio, conformado por sitios reconocibles, lugares del recuerdo, espacios marcados por la experiencia personal. Cartografías que redimensionan los territorios en función de los sujetos que los ocupan, cartas que transforman no-lugares en lugares, compuestas por localidades impregnadas por el recuerdo y la memoria. En las piezas mencionadas, como en la mayoría de la serie, son las multitudes las que marcan con su presencia el espacio donde se sitúan; son ellas las que transforman un paisaje por momentos anodino en un territorio cargado de significación...
Tres extractos de textos de Jordi Aladro Font (Profesor de la Universidad de Santa Cruz, California)
Andrés Waisman pisa terreno muy firme al hacernos ver que, gracias a su facultad de entrar en comunicación con lo propiamente humano, su arte es por naturaleza un don profético. Identificando el sentimiento del artista responsable y en virtud de sus símbolos con la razón espiritual del mundo, ciertos acontecimientos significativos de nuestra historia resultan ser para Andrés Waisman sentidos como propios, por eso, no puede concebir la actividad filosófica / creativa sin la presencia en su horizonte de la idea de una sociedad libre de cualquier forma de dominio, violencia y resentimiento. Éste es propiamente el sentido de su posición crítica/ artística, que describe y contempla la realidad desde el contraste con lo que sería posible y lo deseable. La idea es comprender por qué no se ha producido la revolución social esperada, por qué el ser humano tiende justamente a identificarse con el poder que lo domina y por qué precisamente en el momento histórico en el que gracias al desarrollo técnico y científico de la humanidad, sería posible la emancipación individual se produce todo lo contrario: la aniquilación masiva de la "individualidad". Esto es una perversa contradicción patente en su obra. Las guerras, éxodos, el racismo, la pobreza, los niños esclavos, los vagabundos, la destrucción del medio ambiente, son en su obra una gran alegoría sobre la perdida de lo esencial.....
En su obra Andrés destacaría la fusión de las dos tendencias que predominan en el arte desde los tiempos donde la pintura era ritual: por una parte un arte visual concreto, sensible, luminoso y particular y por otra la tradición mental, abstracta, racional, geométrica, universal. La denuncia y la estética fusionados en esos dos polos que coexisten simultáneamente en su obra. Este fenómeno lo logra acentuando en algunos casos lo que la sombra tiene de formal y en otros, resalta lo que tiene de accidente luminoso.
Como artista, Andrés Waisman tiende a participar en lo absoluto al igual que el místico; y lo expresa en sus series en forma de liturgia pictórica, como si se tratase de un acontecimiento religioso. Donde el ser humano, ya como individuo - El Alfabeto Perdido - ya como grupo - Las Multitudes -, busca en el color y la forma la identidad y la nobleza de la que ha sido despojado. Su espíritu artístico se encarnada misteriosamente, en estas bodas donde se funden ideas y color, con algo esencial al ser humano: su libertad para engendrar y participar del Misterio. Por eso, de su experiencia artística, de su reclamo de una nueva dignidad para la persona encasillada en una globalización sin ideas ni principios, nace una verdad tan humana como la esperanza de la Plenitud. Sin duda, en ningún texto mejor que El Alfabeto Perdido donde se exhibe y se pone en práctica la dialéctica entre la realidad concreta del acto de enunciación, su anclarse a la presencia de un sujeto real, y su transformación en figura de discurso, en un efecto del discurso que se da sólo en la pintura y que sólo dentro de la pintura se hace representable.
